"No hay que estar mal para ir a terapia."


Tan cercano al día de las madres, dónde nos abarrotan con adjetivos de perfección a quienes asumimos maternar, y que nos hacen parecer seres de otro planeta, beatificadas, perfectas, tal como si no necesitaremos nada, pero pudiéramos darlo todo, bien hecho y sin equivocarnos. Nos hago algunas preguntas como madre que ha experienciado la depresión y la ansiedad no funcional. ¿Qué se hace cuando no se puede ir a terapia?¿Cuando es que se va a reconocer socialmente la necesidad de atender nuestra salud mental -y proveer condiciones para hacerlo-? , esto como un asunto al que cada persona debe tener acceso.


Quizás es verdad eso que dicen de que debemos normalizar ir a terapia, tratándolo como un tiempo de calidad, un asunto de autocuidado; como lo es el ejercicio, el yoga, la meditación; y hasta como una necesidad, tal como; alimentarse, hidratarse, asearse, cepillarse los dientes. Pero a la vez me cuestiono ¿Por qué normalizar que este sistema (desde dónde todo opera) nos oprima al punto de enfermarnos? No tengo respuestas, ni resuelvo aquí estas preguntas, si ustedes quieren acompañarme a responderlas, siéntanse en la libertad. Sé que de esto se ha escrito, se ha argumentado, y se ha problematizado, ojalá lo hagamos cada vez más, hasta que podamos encaminarnos hacia una sanación colectiva, que no requiera de destinos, pero que no se nos parezca tanto a un laberinto. Tengo que dejarme soñar con un mundo así (aunque sea errática) dónde las personas no tengamos que ir a terapia, ni tengamos que escaparnos de nuestras agendas, y que seamos vulnerables y nos permitamos la valentía porque sabemos que va a ser protegida nuestra esencia al descubierto. Que podamos mudar las plumas, el pico, las pesuñas, y los arranquemos como una ruptura también con nosotras mismas, pero que lo hagamos con toda la naturalidad del mundo, a la altura necesaria, con la sombra adelante, donde se nos de el espacio de soledad necesario, pero desde dónde podamos ver bien la luz del sol, que es como la gente que nos acompaña, y encontrar dirección para el vuelo próximo, como hacen las águilas.


Hace 2 meses exactamente decidí volver a buscar una psicóloga y hacerme cargo ahora, porque tengo la posibilidad de hacerlo, de mi herida y asumir el cuidado y la atención de mi salud mental. No les voy a decir que estaba en el peor momento de mi vida, porque les mentiría, como dice una vieja amiga "no hay que esperar a estar mal para ir a terapia" pero tampoco es que yo estuviera en perfecto estado. Cuando asumí el proceso lo primero que hice fue decirle a mis familiares, que asumiría ir a terapia, que iba a iniciar un camino de sanación acompañada por una profesional. Luego me hice varias preguntas que quiero enumerar:

  1. ¿Cuáles son las situaciones o momentos que son detonantes de las crisis de ansiedad y pensamientos suicidas?

  2. ¿Qué siento cuando llegan los pensamientos suicidas?

  3. ¿Qué me estoy diciendo antes, durante y después de que llegue la ansiedad o los pensamientos?

  4. ¿Cuáles son las herramientas que tengo para anclarme en el presente y poder elegir quedarme?

  5. ¿Quienes son las personas que me ofrecen espacio para develar vulnerabilidad?

Pude identificar que la soledad era un detonante, y que sentía abandono, sensación de pérdida y miedo. Noté que muchas veces me decía cosas cómo " nunca vas a dejar de sentirte así" "esto ya es parte de ti" "esta es la persona que tú eres". Entonces me encontré con que para estar presente y salvarme me ha sido importante:


1. Escribir para sanar.

2. Compartir mi vulnerabilidad con límites saludables.

3. Encontrar e identificar a la gente que me acompaña sin juicio, con consideración y compasión.


Sin embargo pude identificar que aunque estaba haciendo cosas buenas para mí, que pueden apoyarme a sanar, todavía no he husmeado en mí lo suficiente como para poder sostener asertivamente mi sanación. Entiendo y creo que sanar no es lineal, y que tampoco es un destino, comprendo eso, pero también sé, y tengo la necesidad, de poner punto y conclusiones a experiencias, sentimientos, y asuntos que me han ocupado las emociones y el pensamiento por demasiado tiempo. Esto no me permite avanzar y cimentar nuevas bases que sostengan mi porvenir y que reconozcan mi historia, sin significarme un estancamiento, que me permitan construir formas de existir, sanarme y convivir conmigo misma y con las demás personas.


Antes de tomar la decisión, de ir a terapia, me lo pensé por semanas, hasta que un día estaba en casa con una amiga y charlábamos sobre nuestra salud mental, cuando de pronto y casi como si fuera algo normal, le dije, " yo cada rato experimento ideación y pensamientos suicidas, hay días que pienso que no puedo estar sola." Entonces ella me respondió " Adli, pero busca ayuda, no tienes que pasar por eso sola, te puedo recomendar una psicóloga". Ya sabía que eso era lo que tenía que hacer, pero me lo negaba por razones que todavía no tengo tan claras. Algunas de ellas eran el asunto económico, porque la terapia, aunque debería ser para todes, no lo es, cuesta dinero, requiere sacar tiempo de agendas, asumir la vulnerabilidad y confiar en la persona que acompaña el proceso. Ninguna de esas cosas son sencillas. Así que asumir ir a terapia, es en sí mismo un proceso que requiere privilegios, lamentable y dolorosamente. Sin embargo que importante fue tener esta amiga, que me recordara lo que ya sabia pero ignoraba, y que me validara mi dolor pero me ofreciera una posibilidad para sanarme. Eso también es un modo de acompañar a la gente que amamos y que experimenta situaciones de salud mental. No digo que sea la única manera, pero es importante identificar a esas personas que son aliadas en el devenir -llegar a ser- sana, no solo por una, sino acompañada.


Ayer a pesar de la terapia, tuve una crisis, lo que a cualquier niño de tres años se le describiría como una "rabieta" pero en este caso de una mujer adulta, madre, trabajadora. Lloré, grité, me molesté, sentí mucha tristeza, mucha ansiedad y angustia. No sabía lo que necesitaba en realidad, y todavía no lo sé. Casi siempre después de experimentar una crisis de ansiedad, por ponerle nombre, me quedo con esa sensación de tener humo en la cabeza, se me antoja dormir todo el día, y moverme para existir me requiere de toda mi intención y de toda mi valentía. Hoy me levanté, y ya eso es distinto a otras veces, ando asumiendo mi día, y la única razón por la que lo he podido hacer, además de por mi "voluntad" ha sido porque voy a terapia. La terapia me ha servido para:

1. Adquirir herramientas para estar presente.

2. Comprender la ansiedad y lo que me avisa.

3. Soltar la ilusión del control y permitirme sentir.

4. Ser compasiva conmigo, como lo soy con las demás.

5. Dejarme acompañar.

6. Validar las maneras en que estoy sanándome.

7. Darme tiempo y espacio para procesar.


Seguir mi día, sin ignorar lo que siento, también es posible porque anoche mientras lloraba, mi hijo fue de a poco acercándose a mi regazo, hasta que quedamos tan cerca del abrazo, que lo hicimos, nos abrazamos y entonces me dijo " yo estaba buscando ese abrazo". Y me recordó algo, sobre lo importante que es pedir lo que necesitamos, lo importante que es buscarlo, asumirlo e intencionarlo, aunque no lo sea todo para tenerlo. Así como cuando voy a terapia, como cuando escribo, como cuando medito y me doy a mi misma mi medicina. Como a veces, cuando solo necesito ser escuchada, porque creo que no estoy en las condiciones de escuchar, y sin darme cuenta me escucho porque voy como una niña, que se asoma de a poco al regazo de su ser mujer que le abre los brazos y la acerca a su pecho, su oído a su latido y escucha, como quien va buscando algo, a propósito de encontrarlo; y dice cosas cómo " las Mamás también necesitamos sanar nuestros propios traumas" y " No hay que disculparse por necesitar ir a terapia."


- Adli Mariann.