Mis amigas me salvan, si es preciso.

Dedicado a Veronica del Carmen

A ustedes, mujeres con las que marché ayer, las amo con un amor que es también complicidad, entrega, disposición, reciprocidad. Mientras marchábamos encontraba sus ojos, sus miradas desbordadas de esperanza radical de la que defiende la alegría, pero conscientes de que no para todes eso es posible, y que por eso con más razón nos tenemos que sostener. Pensaba mientras caminábamos juntas y sosteníamos aquella pancarta enorme que leía " quemaremos el cielo si es preciso" que por ustedes lo quemaría todo, porque ustedes encienden un fuego que no es común en mi pecho, y es como una mezcla de lluvia y calor, de vapor y de humedad, la calidez de saberme abrazada, sostenida, acompañada. Entonces no me imagino que hubiera sido de mi sin ustedes, y cuando digo esto lo digo literalmente.


Ayer caminaba cerca, muy cerca de una de ellas, y mientras consignábamos con fuerza " la policia no me cuida me cuidan mis amigas" realicé más, y recordé las veces que han sido algunas entre ellas quienes me han salvado, a veces sin que lo sepan. Sí, salvado, y no me niego a decirlo así, porque salvarnos entre nosotras es algo distinto a un rescate tradicional, porque el amor entre nosotras no es un amor tradicional, es otra cosa, y las relaciones que sabemos establecer nos requieren toda nuestra intención, y nos exigen la coherencia, y la ternura con la urgencia necesaria para que no nos de tregua y tengamos que asumirnos amando como es preciso para poder vivir.


Tú, has sido una de las que me ha salvado. Espero no olvidarme jamás de esa noche, en la que creía que me volvía a perder, y en la que el miedo me sobrecogió del modo en que me asusta más, porque era uno de esos días en los que casi en contra de mi voluntad mi mente me empujaba a terminar con todo. Ahora que lo pienso, casi que no lo entiendo, me enajeno de mi misma, porque sé que yo no soy una persona suicida, que nadie lo es, hasta que lo hace, y yo me he visto ahí, apunto de acabarme, de rendirme, de no encontrar el modo de seguir adelante. Esto aún sabiendo que tengo razones para estar, para quedarme, para sonreír, para aferrarme, y es que esto no se trata de la razón, y parece que muy poca gente lo entiende. Que nuestra salud mental no es un asunto de "decisiones" que tenemos que tomar, como por ejemplo la de vivir, la de quedarse, la de resistir. Que no basta con querer quedarse, para quedarse.


Todo esto es más complejo, y pocas personas pueden y asumen ser un espacio donde quepa la valentía y la vulnerabilidad. Sin embargo tú, sin ser tan cercanas como se esperaría, sin tener idea de que me sostendrías, sin tener la expectativa de que me dieras tu ternura, tu escucha, tu consuelo, me salvaste, me trajiste a tierra, me dijiste que estabas conmigo, que me acompañarías que no estaría sola, que lo íbamos a pasar juntas, que no estaba en el mismo lugar, que no había echado hacia atrás, que en realidad ahora me conocía más y que íbamos a encontrar juntas el modo, la manera de rescatarme de ese presagio.


Entonces, mientras seguíamos en la marcha consignando, conspirando, creando y apoyándonos sin hablar demasiado, sin decirnos demasiado, recordé esa noche, y quise mirarte, detenerte y decírtelo, que gracias, por que me has salvado literalmente, y un poco avergonzada de mi vulnerabilidad no te dije nada, pero hoy me animo, y te escribo esta carta, para que sepas que yo también estaré contigo, hoy y también mañana, como sea y cuando sea necesario, en silencio, y quemando el cielo, si es preciso.