La lactancia acaba.

Escribo desde el hospital, con la necesidad de contar algo, de compartirme hoy con ustedes. Llevo mucho tiempo ya escribiendo aquí, en cada etapa de este proceso de maternar, hay mucho que no les he contado, porque bueno, la vulnerabilidad tiene límites. Escribir ha sido la manera que he asumido para mi sanación, y gracias a eso he podido repasar en cada palabra compartida, la memoria de lo que fue y de lo que una olvida.


Una de las cosas más extrañas en esto de ser madre ha sido darme cuenta de cuanto he olvidado. Se hace bastante fácil olvidarse de casi todo, sobre todo aquello que ha dolido o esas cosas de la rutina que aparentan ser muy cotidianas y ordinarias. Esas son en realidad la historia de la maternidad que he asumido, y del modo en que crezco guiada por mi cría. Por eso creo que no es algo ordinario, para quien quiera y pueda ver la maravilla.


Entonces me alegra haberme compartido, haber escrito y publicado un libro en el que me hago transparente, en el que me gesto también a mí, porque yo también nací en el hacerme madre. Me asumo protagonista de mi propia historia, y me narro sin intermediarios. Conmueve mi corazón que eso, de algùn modo, le sirva a alguien más y le acompañe a sanar.


Por eso escribo hoy desde el hospital, Lucas está un poquito delicado de salud, nada grave. Entonces decido que les quiero contar de lo obvio, que la lactancia acaba. He visto muchos post hermosos sobre amamantar, y otros en los que además se problematiza el tema y se reconoce lo complicado que puede ser decidir dar la teta. No para todas las madres se da natural, tampoco todas recibimos el apoyo y la información necesaria para un proceso de lactancia saludable. Esto pasa por diversas razones que no expondré aquí, pero que reconozco y creo necesario que se conversen, y se reconozca que están ligadas al sistema patriarcal y capitalista.


Voy a tratar reconstruir desde el recuerdo. La primera teta que le dí a Lucas con éxito, fue al día siguiente de haber nacido, un 7 de noviembre de 2017. Recuerdo que se la dí estándo de pie, mientras lo acunaba y cantaba la nana que fue mi favorita de niña, y que me la cantaba mi bisabuela "una mariposita que del cielo bajo..." . Esa primera teta "exitosa" con un agarre correcto, fue un momento que recuerdo como uno perfecto, tal y como fue. A pesar de que aún estaba desgarrada por el parto poderoso que tuve, en todos los sentidos. Tenía una apertura vaginal que sanaba, un vientre estirado aún, todo mi cuerpo contrayéndose al lactar y el útero y otros organos volviendo a su lugar. También comenzaba a experimentar temores, con toda mi alma expuesta en la vida que había salido de mí. Era ya todo lo que no sabía que vendría. Con todas las incertidumbres poderle dar de mamar, alimentarle soberanamente con la leche humana me hacía sentir que tenía certezas en algo. Me sentía madre, enteramente madre, nada más que madre y eso se era muy extraño. Recuerdo mucho esa raresa de ser.


Recuerdo que la primera vez que lo lacté pensé "puedo hacer esto por mucho tiempo" y así fue. Lacté a Lucas por 2 años y 7 meses. Hace 2 meses aproximadamente que ya no lo lacto. Dejé de darle la teta como si se tratara de un conteo regresivo. Primero comencé a dialogarlo con él, quería que lo entendiera, que no fuera un proceso abrupto, sino uno respetuoso. Comencé diciéndole que a los 4 años seria su última teta, y aunque a él no le parecía una buena idea, fue comprendiendo. Tuve que comenzar el destete porque ya no lo soportaba. Me incomodaba, me provocaba enojo, irritabilidad y molestias. Jamás pensé que me pasaría de esa manera. Había escuchado muy poco de eso entre las madres, pero con una búsqueda de rápida en internet encontré que eso pasaba, que no era la única, ni una mala madre por eso

Leí que se le llama "agitación por amamantar" y que a todas las madres les puede pasar. Sin embargo no encontré casi ningún relato al respecto. La agitación por amamantamiento es básicamente sentir rechazo e intolerancia al amamantar, incluso puede traducirse en rechazo momentáneo a la cría. Entonces imagínense lo mal que me sentía. No me tenía ningún sentido que mi cuerpo rechazara de esa manera a mi bebé, a mi niño.


Sin embargo, en el embarazo, y en el post parto, tal como lo narro en el libro Matertransmutar había aprendido algo sobre escuchar "la cuerpa que habla" y decidí hacerle caso, y comenzar un destete intencionado por mí. Así fui pasando del diálogo constante, a acuerdos sobre horas, cantidad de veces y tiempo que estaría amamantándole. Le expliqué directamente qué era lo que sentía, le dije que me incomodaba, y que ese era mi cuerpo, y necesitaba que él entendiera que ahora iba a comenzar a reducir las tomas de teta. Comencé proponiendo 5 al día, luego 4, luego 3, luego 2 solo en la mañana y la noche y ahí fue más tolerable. Incluso llegué a pensar que podía extender hasta los 4 años. Luego ya me sentía incómoda nuevamente sobre todo en las mañanas, así que una noche antes de la teta "para dormir" le dije que mañana en la mañana no habría teta, que solo tendríamos una teta (o más bien 2) en la noche. Y estuvo más o menos de acuerdo.


Mientras se lo decía sentía pena, tristeza, y algo de nostalgia por el apego que nos tenemos y lo hermoso que fue amamantarle por todo ese tiempo. La teta servía para todo, cuando se enfermaba la teta curaba, cuando se golpeaba la teta consolaba, cuando no quería comer nada la teta alimentaba, cuando tenía sueños la teta le adormecía por completo. La teta era lo que él siempre iba a preferir y a elegir ante casi cualquier eventualidad. Así que para mí, y para él era un reto suspender la teta, en todo el sentido de la palabra.


Una noche se durmió sin la teta, y decidí no ofrecerla más, esperar a que la pidiera, y entonces variaba, algunas noches la pedía y otras se dormía antes de llegar a casa. En una semana pasaron 3 días en que no pidió la teta nocturna, porque se quedaba dormido en el carro, de regreso a casa. Entonces, una noche lo lleve a dormir y a leerle un cuento, antes de dormir comenzó a llorar y le pregunté que le pasaba, me dijo "mamá es que yo solo quiero teta". Podrán adivinar que entonces se la dí, y no recuerdo la fecha, no la anoté, no hice rituales, solo sé que fue una noche del mes de junio del 2021, cuando le dí la última teta. No supe que sería la última, pero lo fue. Ahora aun busca consuelo en mi pecho, y aun toca la teta para dormir, la besa, y dice cosas cómo "mamá te acuerda cuando yo chupaba la teta" y mira que sí, que lo recuerdo bien, y espero nunca se me olvide. Para eso también sirve escribir.


Ahora estamos en el hospital, no hay teta para consolar, bastó el pecho cálido, y los brazos siempre dispuestos al abrazo y los besos que saben dar mamá y papá. La lactancia acaba, la teta acaba, pero todo lo demás, todo lo que es cuidar y contener desde la ternura sigue intacto. Todavía siento nostalgia, todavía lloro a veces al recordar, y todavía me sigo olvidando de cosas, pero se amarle porque soy su mamá y estoy feliz con lo que decidí, eso basta. Otro día les cuento más, para seguir sanando y para no olvidarme de como ha sido esto de ser mamá.