Escuchar sintiendo.

I.


Hace como un mes escribí un texto que titulé "ella es una voz en mí" en ese escrito trataba de rescatar algo de lo que son para mí las voces de la conciencia, y de como esas voces representan a diversas personas que han tenido alguna inmersión y significancia en mi vida. Muchas de las voces son voces de mujeres, y también les comentaba el por qué de eso, o al menos lo que viene siendo mi hipótesis. La realidad es que las mujeres de mi familia, son las mujeres de mi vida, pero también son algunas de mis amigas, aunque solo las mujeres de mi familia tienen espacio en las voces de mi conciencia. Todavía se me hace muy difícil que mis amigas sean las voces de mi conciencia, será tal vez porque a ellas yo las he elegido, o porque ellas me han elegido a mí, y como que cuando es así, la conciencia a una se le parece a la propia, o sea que quizás también ellas son esa voz que creo que soy yo misma. Sé que de un modo eso es imposible, lo de que la voz sea yo misma, porque sería una contradicción, porque ya he dicho que las voces de mi conciencia son las voces de las mujeres de mi familia, entonces ¿no existe tal cosa como una voz propia? o es que ¿yo soy todas esas voces, y todas esas voces soy yo?.


II.


Bueno, no voy a poder resolverlo ahora, pero cuando les digo que las voces de mujeres que son las voces de mi conciencia son las voces de las mujeres de mi familia, no solo me estoy refiriendo a las mujeres de mi sangre. ¿Por qué será que eso de "de mi sangre" me suena tan anticuado? también me suena gracioso, me recuerda cuando nos enojábamos mi prima y yo, siendo muy niñas.Cuando peleábamos por quién usaría la"mejor" barbie, o por cual sería la ganadora del concurso de belleza, o cuando nos tocaba decidir quién dirigía el juego, y como tantas veces nos dijimos que ya no seríamos primas jamás, que renunciábamos a eso, a lo que alguna de las dos contestaba(dependiendo de a quien le fuera más conveniente) que no, que eso era imposible, que teníamos la misma sangre y que eso nada lo podía cambiar. Y bueno, otra vez eso me suena anticuado, pero a la vez, como una enorme verdad, que no me importa que sea un mito, que no me importa porque no todos los mitos son malos, y no todos los amores que se sostienen de mitos son amores tóxicos, a veces simplemente son las dos niñas, con las voces de sus conciencias, y con su inocencia.


Cada vez que había una "pelea" entre mi prima y yo, entre nosotras, nuestra abuela Guelin, nos hacía la 'santa cena' para que hiciéramos un acto de arrepentimiento y perdón, consistía básicamente en una ceremonia de comunión con jugo de koolai colorao' y pan de sandwich integral cortado en fracciones. Entonces una oración, laaarga, con algún grito de abuela de esos que ella daba cuando decía que sentía al espíritu santo " SAMA" , por que cada pelea se tornaba en una excusa para bendecirnos, con lo que más ella podía bendecirnos, con lo más grande que ella podía darnos, su fé.


III.


Pero volvamos a las voces de las mujeres que andan en mi cabeza, a veces son como un susurro, como una dulce nana de promesas, o como un viento liviano y fresco de amaneceres. Otras veces las voces son como un azote, firme, duro, o casi como un freno, como si desde el estómago hasta la garganta me atravesara un hilo en forma vertical. y luego desde la espalda, justo en el centro hasta el ombligo, me halaran casi como para pegarme el vientre a la espalda, y una sacudida inminente me saca los ojos para fuera y me abre la boca aunque no pueda gritar ni regurgitar. A veces son más tranquilas, más impasibles, como una mano por sobre el hombro que descansa, o como una caricia tierna sobre la cabeza del centro a la cien y el pelo detrás de la oreja acomodado por unas manos suaves y blandas. Entonces todas esas voces dejan una huella, o son en si misma la huella, o tal vez del mismo modo son la herida de las cosas percibidas y en evidencia de algún lugar por donde ha pasado algo, por donde una pueda medir y sonreírle al recuerdo y también la herida que no sangra, que no duele, que no quema, de la que una no escapa, por la que una puede aprender a mirar, a la que una quiere tocar para la memoria, para no olvidarse, para permitirse el mejor sentido, el de escuchar sintiendo y no escuchar por escuchar. Las voces de mi cabeza a veces están llenas de mitos buenos, de los que no me quiero olvidar aunque sepa que son mitos, a los que no quiero renunciar, no todavía; de los que me quedan la fe, la sangre, la misma sangre, la oración de abuela y las niñas con los ojos cerrados .