Asumirse como feminista implica responsabilidades

Asumirme feminista ha sido liberador, pero al mismo tiempo doloroso. Cuando una es feminista quebranta lo aprendido durante muchos años. Literalmente, una rompe con creencias, patrones, ideas, sueños, trabajos, amistades, amores y familiares; y las rupturas, generalmente, son dolorosas.


Cuando una es feminista enfrenta con certeza que ha sido machista y agresora. Porque una no nace feminista, una se hace feminista. Por eso, en mi camino la parte más dolorosa (y posteriormente liberadora) ha sido entender que he sido machista y agresora.


En los pasados días una amiga de la infancia me habló porque publicó su historia como víctima de bullying durante la escuela intermedia. Mientras escuchaba su relato no dejaba de pensar: a sus agresores yo les considero amigos, en la mayoría de los incidentes estuve presente y no hice nada, no dije nada. Entonces, ahí estaba yo; escuchando y castigándome. Me decía: “porque no te diste cuenta de que eso no estaba bien y que a ella le hacía daño”, “las amigas se dan cuenta de ese tipo de cosas”, “que mala amiga fui”.


Entonces, volví a enfrentar ese sentimiento de culpa con la certeza de que he sido machista y he sido agresora. Reconocer lo anterior es doloroso. El feminismo me enseñó que las bromas y el bullying no son muestras de cariño, sino todo lo contrario, son violentos. Son agresiones y mi silencio fue cómplice de esa violencia.


Hoy, más que antes, creo que ser feminista conlleva enormes responsabilidades y una de ellas es aceptar que hemos estado atravesadas por la violencia machista y patriarcal. Además, el proceso de romper con lo aprendido requiere enfrentar los errores del pasado (esos fantasmas que no queremos en nuestra habitación cuando nos vamos a dormir), requiere examinar que hemos sido parte del sistema, requiere asumir responsabilidad, pedir perdón y perdonarse. Requiere sanarse. Y, ahí está la liberación.



-La política.