La primera de todas las heridas.

II

Me tomó 29 años entender que la vida no me había olvidado. Y un poco menos descifrar de qué están compuestos, verdaderamente, los caminos.

La vida es un misterio, todos lo sabemos. En mi vida solo hay una cosa que me ayuda a templarme. Las palabras. Cuando hablo de la literatura, me gusta, siempre referirme a ella como bálsamo, como salvavidas y como diría alguien muy cercano a mi corazón, como vendaje. La herramienta perfecta para la catarsis, la tan deseada purificación de nuestras almas.

A temprana edad me topé con aquello que pensaba -y pienso- era puro elixir de los dioses, la poesía. Durante la escuela intermedia fue mi misión colectar los versos de boca de todos y cargarlos bien cerca de mi corazón. Y ahora que me he tomado el tiempo de pensar, tocar, sentir, crecer y amar he logrado entender como aquella libreta de versos populares iba sanando, poco a poco, unas heridas desconocidas para mí.

Ahora, regresamos a nuestra interrogante ¿de qué se componen los caminos? Los caminos, mis amigas se crean a fuerza de heridas. Heridas que poco a poco nos transforman y nos van convirtiendo en aquel sueño que parecía tan lejano.

Entonces, he aquí la primera de todas las heridas…

La herida es el reflejo de una misma, de ese animal que cansado del encierro deja las uñas pegadas a la pared y al viento. Vivimos en una sociedad donde ser mujer y además ser negra, no es cosa fácil, desde pequeñas nos mutilan la feminidad, con un patriarcado que nos sirven de desayuno, almuerzo y cena…y como diría mami en una tarde cualquiera nos lo meten por ojos, boca y nariz. La vida es triste para nosotras las mujeres, es una lucha constante, pero como somos bravas y nos gusta la vida, le metemos ganas a todo y nos levantamos día tras día para sentirnos poderosas a pesar del dolor de nuestras cicatrices.

Cordialmente,

La profesora