"Mamá siéntate a Jugar"

Temprano en la mañana ya casi nos despertamos a la vez. El “buenos días, mamá” es mi fuerza. Y allá voy, a la batalla del ajoro.

Preparo el desayuno a la misma vez que me baño, mientras tanto el nene come frutas a la misma vez que ve muñequitos. Consiguiente me visto corriendo, para entonces atenderlo a él. Que si los dientes, que si el pamper, que si la ropita… ese proceso es un jaloneo entre el escaparse, decidir por otros zapatitos o lo que venga nuevo en el día.

“Mamá siéntate a jugar”, y yo lamentando que no es el momento. Que nos tenemos que ir. Y la mayoría de las veces siento culpa por tener prisa, culpa porque lo veo cómodo y feliz en su casa y lo tengo que llevar al cuido. Culpa porque no tengo mi mente presente porque estoy pensando en todo lo que tengo que hacer en el día, culpa porque casi no pasamos tiempo juntos en las mañanas... culpa por aquí, culpa por allá. Pero quedarme en la casa para mí nunca fue una opción.

Así que lo seguimos para el carro, para luego llegar al tapón. Miro el reloj. Tengo prisa. Cantamos. Miro el reloj. Cantamos, miro el teléfono… y cuando al fin lo dejo, la mayoría del tiempo nos despedimos con amor y siento alivio. Se me bajan los hombros y voy a mis clases o el trabajo.

Hay días que tengo más motivación que otros. Pero ahí estoy casi siempre intentando que me salga. Cumplir con todos lo roles a la vez. He tenido que aprender a la mala que ninguno me va a salir perfecto y que a veces no hay tiempo para enfocarme en perfeccionar. El reto mayor es mantenerme consistente, calmar mis pensamientos de culpa, mis propias presiones de ser mejor, de poder cumplir con todos mis roles. Y la verdad, es que ninguno me queda perfecto, eso me atormenta.

Llega la tarde y mi parte más emocionante del día es poder buscarlo. Ese abrazo de que aquí estamos juntitos otra vez… “Mamáaaa” me devuelva la vida. A la tarde intento jugar más, salir al patio y tener menos prisa, pero la verdad es un disimulo porque en casa queda la otra jornada, la que no se acaba, la que me toca si o sí. Que si los trastes, que si la comida, que si mantener la casa limpia y recogida. “mamá siéntate a jugar”, pero si mamá no cocina, no comemos. “Mamá siéntate a jugar” “mamá siéntate a jugar” “mamá siéntate a jugar” y mamá se sienta pero con el corazón acelerado pensando en ver como me escapo para poder terminar con todo, para bañarlo y al fin tirarme a la cama con él.

Me causa decepción pensar en todas esas madres que nos queremos sentar pero tenemos que cumplir con el rol de la casa, mientras que usualmente papá se puede sentar y ya, sin tener esa presión, sentarse y pasar la hora jugando tranquilo porque va a comer, porque ya la casa esta limpia. Mamá deja de ser ese rol cool de pasar un rato divertido, porque nos tocan tantas tareas que sentarse a jugar a veces tiene que ser más corto, con menos presencia o con una mamá totalmente cansada.

Ahora en el siglo 21 estamos cambiando con eso, pero exigir ese cambio también toma tiempo y energía. También cansa.

Leemos un cuento todas las noches. Lo leo como tres veces si el quiere. Jugamos caballito en la cama. Nos damos besitos y al fin podemos descansar. Pero a mi me toca quedarme medio dormida, porque todavía no he terminado. Falta hacer la presentación de la clase, que si las lecturas, que si responder a todos los chats de los curso, me toca hacer eso cansada y dudando siempre de mi. Me toca ser la que no se lea todas las lecturas, la que no puede hacer los trabajos con anticipación, la que a veces tiene tormentas de pensamientos que no puede ni atender porque tengo que cumplir.

Hay días que me quedo dormida y picheo a todo. Pero al otro día me siento mal por no cumplir bien como estudiante. Es casi imposible sentirme bien con todo al mismo tiempo. Espero que con el tiempo esta división de roles me cause menos preocupación. ¿Es así que lo han hecho todo este tiempo, todas esas madres?

Todos los días me pregunto porque lo hago y me respondo que lo hago porque me da el poder de sentirme que estoy cumpliendo conmigo misma, de que esto me ayudará a crecer, y principalmente porque quiero poder tener mayor seguridad de que podré mantener a mi hijo. Lo hago porque es la única vía que encuentro para asegurarnos un futuro un poquito más estable. Lo hago con el sueño de poder tener más tiempo.

El ajoro siempre hay que mandarlo a dormir. Yo siempre lo intento apagar en el weekend. Es entonces cuando volvemos a mimarnos en las mañanas. Los domingos son para ver todos los muñequitos que quiera, para jugar todas esas veces que me lo pide. Pero siempre llega la culpa de que por ahí viene el lunes.

Ser mamá soltera, trabajadora y estudiante es lo más difícil que he hecho en mi vida. ¿Valdrá la pena sacrificar mi tiempo con él? Ese es el pensamiento más aterrador que me acampa en la mente. El que me sacude cuando le veo sus piernas más largas, y cuando noto que sus zapatitos no le sirven. Está creciendo.

¿lo estaré haciendo bien?

Pues hay días que si y otros que no tanto, pero ahí vamos…

Te amo hijo.

A todas las mamás solteras. Mis respetos.

Que triste que esta sociedad no nos honra como deberían.

Las llevo.

La luchona