urgencia de ternuras y consecuentes tejidos.

Les cuento que llevo un buen tiempo queriendo escribir de esto, pero no he conseguido las palabras, y ahora mismo reconozco que no las tengo. So, les doy el adelanto de que van mis dedos más rápidos que mi cabeza, y escuchó a mi alrededor los ruidos del televisor con el programa infantil de preferencia, de mi hijo de 3 años. A mi lado mi compañero mira el celular y me pregunta "¿Vas a escribir?" a lo que respondo que "voy a intentarlo" . Así que desde este hueco que se siente cuando las palabras se quedan como estancadas dentro de una, y la mente no se pone de acuerdo con la intención, y viceversa, me decido por lo que creo será una crónica.


Eran las 7:34 de la noche, cuando ya acomodada en la cama litera de mi hijo, a la que le hemos puesto un toldo que simula una casa pequeña, con un ático que tiene una ventana y en la ventana un tiesto, por dónde se asoma de vez en cuando la carita de mi niño sonriente. Hace frío artificial, pero no hay un lugar que pueda sentirse más cálido, no hay ni un solo hueco de esa cama y ese cuarto que no esté impregnado de ternura. De ternuras y tejidos, tejidos con nudos fuertes y pequeños pero inquebrantables, o al menos así me parece. Hay días que me pide el cuento del erizo en el huerto, tanto que hasta me lo sé de memoria, y a veces me invento la trama para no aburrirme de leer lo mismo cada noche. Otras veces me pide el cuento de los carritos, y ese también me lo sé, pero con ese puedo hacer trampa y adelantar páginas sin que se de cuenta, hasta el final y colorín colorado este cuento se ha acabado, acabado, final que mi hijo repite conmigo al unísono cada vez mejor.


Esta noche, mercurio está retrógrado o al menos eso dicen por ahí, y yo pues me lo creo, y me gusta pensar que no estamos tan solas en el universo, y que tal vez, los problemas no son problemas, sino particular diminutas del polvo de los asteroides de otros planetas más grandes, que se yo. De astrología no se nada, pero me lo invento, total, no es que esto tenga que ser un dato, no me citen.


Entonces llega a mis manos el cuento de las últimas 2 semanas, el mismo, repetidamente la insistencia con ese, se titula "La Gran Victoria" y vamos que amerita mencionarlo. Narra básicamente la historia del verano del 2019 cuando en Puerto Rico sacaron a Ricky Rosello de la Gobernación, lo renunciamos. A pesar de, digo "sacaron" como que no me incluyo por lo poco que pude participar de estos espacios. En mi realidad como madre, se me dificultó muchas veces sentirme parte de esos esfuerzos, o espacios, justo por lo poco que podía estar, ya que sentía que no podía ir con mi hijo, y me ponía quizás muchas trabas que ahora podría resolver más fácilmente, pero que entonces me parecían enormes. Pero no vengo a contarles de eso todavía. Eran las 7 y 34 minutos de la noche de un día Lunes cualquiera, y mi hijo pone en mis manos el libro que quiere leer diciendo " Mamá, lee mi libro favorito".


Lo abro, comienzo a leer, y a inventar un poco también, y entonces siempre espero a ver que pasa cuando llega una parte en particular, porque un poco creo que esto es casi un experimento, y que aplico el método científico cuando observo el comportamiento de mi hijo al leerle una y otra vez el mismo cuento, y recibo una y otra vez respuestas diversas, pero en una parte de la historia, aún habiéndolo leído taaantas veces, recibo la misma respuesta. Durante la historia que se cuenta sola en el libro, hay una culebra, una culebra "mala" que insulta a la gente, que les dice "tontos, brutos feos" y a la vez hay unas niñas Alma y Victoria que deciden salir a enfrentarse contra la culebra, narra " Victoria y Alma estaban dormidas y se levantaron para luchar"... me conmueve tanto la historia, me eriza las pieles y todo. Me recuerda que en Puerto Rico se lucha y se resiste, y no hay cosa que me pueda conmover más que pensar en la gente que lucha, la gente que ama tanto, que siente tanto, que da tanto, que pone el cuerpo, y la gente que lucha como mi papá "aquí en la lucha" decía después de la pregunta "¿cómo estás?'. Y entonces pienso que esa es la mayoría de la gente que lucha, así, sobreviviendo en esta Isla, colonia.


Son las 7:52 de la noche y llega al fin la parte en que la culebra malvada es atrapada en una garita de la muralla, entonces muestra un rostro de angustia, a lo que mi hijo siempre responde igual, " Mamá la culebra está triste, bendito, ¿qué le pasó a su cola?" Entonces, toca responderle que sí, que está triste y no decir más, aunque a veces les confieso que digo algo cómo "se portó muy mal". No puedo evitarlo y pienso, se me sale por la boca hasta sin querer. Medito en que quisiera que el llegue a sus propias conclusiones de las cosas, sin anticiparle tanto, que sea niño, que tenga inocencia, que cultive más tiempo esa ternura, y que no se le revienten tantas burbújas a la vez. Que le de tiempo de tomarlas en las manos y mirarlas, y quien sabe si disfrutarlas un rato, antes de que desaparezcan. Como a mí, cuando leo el cuento que al final dice "Victoria y Alma ya no estaban dormidas, dormidas nunca más" y me estremezco, mientras a la vez dudo de esa afirmación cuando hago analogías con la realidad. Malísimas trampas que me hago.


Entonces mi niño simplemente expresa su empatía, su sentido de solidaridad, o quizás de compasión, su ternura. Como si se pudiera olvidar y perdonar tan fácil. Es verdad que siempre es así, se entiende que la niñez asimila las emociones de una manera muy distinta a las personas adultas, pueden estar llorando a gritos y al segundo con alguna buena distracción, sonreír a carcajadas, pueden enojarse y al poco tiempo volver al presente con la esperanza de lo nuevo. Y sé, que no hay perdón ni hay olvido para lo que nos han hecho en Puerto Rico, pero a la vez me pregunto, ¿dónde está el tejido?. Entre nosotras, entre nosotres, ¿dónde está el tejido?, ¿cómo se hace el tejido? ¿con la ternura necesaria?. ¿Dónde está nuestra esperanza, nuestra compasión colectiva?...siento que la necesitamos tanto para poder vivir. Son las 8:14 de la noche, y ya mi hijo se ha quedado dormido en mi pecho, a pesar del final del cuento. Confieso que a veces también me quedo dormida yo, casi sin querer, pero no siempre, la mayoría de las veces me pierdo en pensamientos, y me olvido de dormir. Creo que es verdad, "dormidas nunca más", que me falte el dormir, y no el sueño de poder algún día ver y ser parte del tejido, para que nunca nos falte, estando despiertas, o estando dormidas, la urgencia de ternuras y consecuentes tejidos.




Referencia al Libro infantil - Cuento "La Gran Victoria"- https://www.lagranvictoriapr.com

Autora: Verónica de la Cruz.