una animal animaleando en la maternalia

Abro este panel en la computadora como si nada más me impacta, y aunque quiero comenzar escribiendo otra cosa, esto es lo que sale, y lo dejo ser, o al menos eso trato, porque justo cuando creo que lo he soltado, siento en el pecho una espina frágil, pero espina, como que arde, como que casi quema, pero es un punto, un solo punto para un cuerpo entero, no que no sea nada, porque si ha pinchado algún nervio, seguro que se siente en todo el cuerpo.


Así me encontré incada, cuando en la búsqueda de algo lo encontré. Un sombrerito de tela amarillo, de bebé, que es ahora su color preferido, un sombrero amarillo nada más, solo, pequeñito, olvidado a propósito como un "sin saber" que es las nostalgias de una madre que lo ha guardado al final del cajón, como para que se pierda, y un día, que es hoy, lo encuentre, así, repentinamente, un día que será futuro, y que el futuro es ahora, y que ya esto es pasado, y el futuro no existe, pero que este momento es. Y me punza el pecho de frente, una estocada fuerte, estremecerdoramente sacudiendo la nostalgia, así, adjetivo fácil. un verbo doler, arder, pero no es para tanto, un verbo es, así como el verbo 'madre tenía que ser''.


Es el sombrero amarillo de mi niño de mi bebé, que ahora tiene 3 años, y del que extrañaré siempre cada cosa diminuta que nadie notó, cada cosa tan querida que el no sabrá recordar, cada atención cada cariño que me ha dado cuando más lo he querido y cuando no, si es que eso es posible, como quiera lo da. Y veo que este sombrero amarillo, ya casi no cabe en mis manos, se ha encogido, es imposible que haya crecido tanto, y que se sienta como un pasar veloz, y a la misma vez justo el necesario. Lo huelo, como una animal que soy, animaleando lo suelto como resistente, y luego casi instantáneo lo vuelvo a oler. Casi hasta que no entre más el aire, y me quiero decir que ese olor a madera vieja, dulce, era el olor intacto de mi bebé.


Maternar está tan lleno de nostalgias, pienso, y no lo sé. Tal vez la nostalgia es una cosa tan mía, tan de nosotres, que sé yo. Pero me pasa con todo. En el libro que escribí apalabraba algo cómo, que cada vez que estoy con mi hijo pienso que necesito más tiempo para mí, y que cada vez que no estoy con mi hijo siento que necesito más tiempo para pasar con él. Nunca, quizás nunca, sepa ser de otra manera. Trato, me esfuerzo en ser consistente, y en casi todo lo consigo, pero en esto, en esto de maternal no. Aquí soy una animal animaleando en la maternalia, y todo solo parece tenerme algún sentido desde ahí, de otro modo, prefiero sentir la sin razón. No quiero perderme, pero maternarme también ha sido eso, y a veces me encuentro así, cuando como sin querer busco en un cajón y al fondo extiendo la mano, y saco una rosa amarilla, y me clavo una espina en el dedo meñique que me llega al corazón.