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Ningún camino parece innecesario

"Siempre" quise a alguién, un amor, que disfrutara caminar conmigo. Y la divinidad me lo dió a través de mi hijo. Me tomó un tiempo darme cuenta. Su alma de caminante camina con la mía desde hace 5 años. Primero en mi vientre, luego en mis pechos, después en mis hombros y en mi espalda y ahora en cualquier camino largo o corto. Ningún camino parece innecesario.



Todos los caminos nos conducen a algo. A veces al terror, a veces a la curiosidad, otras veces al amor y casi siempre a la utopía. El marca el paso, lleva el ritmo y establece la ruta. Yo solo soy una acompañante. Le observo superarme y lo disfuto. Otras veces me da miedo que se me vaya muy lejos. En algunas ocasiones me apresuro y lo alcanzo para evitarle peligros.


Hay días que voy saltando tras de él imitando su paso y simplemente le contemplo tranquila y confiadamente. Casi siempre esas veces me espera a alguna distancia del camino, me sonríe y me da la mano. Todas las veces que me espera me siento dichosa y agradezco su pausa. Y la capacidad que ha tenido para saber esperar a la mamá en la que me voy convirtiendo mientras mi hijo va creciendo.


Cambia el, cambia el camino, cambia el ritmo y cambio yo. Una certeza es que estamos cambiando y que nos vamos conociendo íntimamente en el camino.


Todos los caminos son distintos. En su mayoría son caminos de tierra, con pocas señales, y pequeñas advertencias. Pero hay algunos que tienen una gran inclinación y precipicios desnudos. Y me dan vértigo. Y requieren mucho amor para vencer el miedo. Y exije afirmarme en lo que he aprendido de los demás caminos para ganar confianza, pero nunca demasiada. Evito mirar abajo. Trato de mantener la vista en él, hacia arriba. Y así el vértigo no me deja turbada en el suelo.


Ocasionalmente él voltéa a mirar riendo y yo tiemblo. Porque sé que nunca había sido capaz de amar tanto y aún así siento miedo. Y sé conciente todo lo que me falta por aprender a amarle sin miedo. Soy una acompañante saltarina, intensa, temerosa, a veces triste, a veces cansada, otras veces risueña. Sé confiar y comprendo que los caminos son incontrolobles y ya veo que el caminante que tanto pedí ha llegado y me lleva ventaja.

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