Prometieron amarme por el resto de mi vida.

Hace un tiempo atrás prometieron amarme el resto de mi vida. La fantasía de ser amada y amar, como en los cuentos de hadas, fue solo eso, una fantasía. Me destruyeron en mil pedazos. “No eres nadie” eran las palabras que hacían eco en aquel pequeño hogar. Se sentía fría la habitación. Me miraba en el espejo y veía una imagen distorsionada, o tal vez era mi sonrisa que caía de un lado a otro sin motivo o razón para estar feliz.


Me hice pequeña, con miedo al universo alrededor mío que continuaba creciendo mientras yo desaparecía. Me mantuve desaparecida por un tiempo. Entre el silencio, el mar, los atardeceres sola... desaparecí: así cómo sin dejar huella alguna, o tal vez como un acto de magia. Introvertida, en silencio, dentro de la oscuridad. Había desaparecido hasta mi sombra.


Sin sombra ¿quien soy, a donde voy, cual es mi nombre? Entonces entendí que desaparecer, no podía ser perderme. Sin embargo, no tenía fuerzas de volver a ser yo, de quien era. Preferí elegir y convertirme en una semilla. Me quede escondida debajo de la tierra. Pensaba constantemente “aquí no hace frío, no extraño el frío". Sin embargo, es cálido... de momentos muy caluroso para mí.


Sentía que entre más tiempo pasaba sola, más dejaba de alimentar mi alma...mi conciencia... mi vibra. Entonces cómo la vida te brinda agua cuando una tiene sed, me enviaron un mar de bendiciones. Llovió en mi la esperanza, la fe, el amor propio, la magia. Llovió en mi, una nueva vida. Comencé a renacer, creciendo y transformándome. Me convertí en una flor. Acepté mis colores, de esos que continúan brillando aún cuando de momentos me veo un poco marchitada. Acepté mi vulnerabilidad como parte de mi historia. La realidad es que aún depresiva y ansiosa, continuó siendo un arcoíris. Estoy iluminada hasta en las peores tormentas, por que estoy aprendiendo a amarme a mí, y por mi misma, el resto de mi vida.