Llueve y escampa

Exige mi hijo a son de llanto detrás de la puerta "¡quiero abrazarte mamá!". Él está dentro de la casa. Yo estoy fuera. Insiste con fuerza y golpea la puerta mientras  repite su demanda. Tal vez simplemente intenta comunicar, como puede, su necesidad. Pero prefiero pensar que son reclamos voluntariosos a creer que le estoy negando contención emocional. 


Estoy cerca, fácilmente pudiera ir a consolarle, pero elijo escribir sentada en el balcón de la casa. Llueve estrepitosamente y me gusta este momento. Pienso que puede que esto me convierta en una  "mala madre". Me interrumpen  pensamientos de tipo ¿qué dirán las vecinas si lo escuchan y me ven aquí tan relajada?, pero rápidamente logro volver al tecleo y se me olvida el juicio o me hago la pendeja. 


Acaba de sonar en el celular la alerta por inundaciones. Tormenta eléctrica.

Relámpagos. Predicción del adentro y el afuera de la casa. Soy mamá y mi hijo de cuatro años a veces se porta mal. 

Salí a leer. No quiero habitar en la culpa, pero la suelo habitar sin querer. Criar está repleto de tanta contradicción que duele. El amor que le tengo a mi hijo me sobrepasa, tanto que así de proporcional es la culpa que de vez en cuando alimento.


¿Lo estaré haciendo bien? Quiero pensar que mientras me lo esté preguntando estaré criando de manera consciente. Entonces ¿ la respuesta es que sí?

Ya los gritos han cesado, también escampa a fuera. Voy a entrar para darle el abrazo. Aunque criar no deje de doler. ¿Amarnos consuela?