Las yemas de los dedos y el sobrevalorado amor propio.


Las yemas de los dedos y el amor propio sobrevalorado


"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

-Jesús


"Movements are born of critical connections rather than critical mass."

- Grace Lee Boggs


Dos epígrafes, uno pa la mujer-madre adoctrinada y otro para la persona que está aprendiendo a ser una militante política. Llevo algunas semanas en un proceso político que he tenido la oportunidad de experimentar gracias a la Colectiva Feminista en Construcción, y la segunda cita es gracias a haber tenido esos espacios de reflexión crítica donde se apuesta a vínculos críticos. Sin embargo, esta reflexión no le hace justicia a la cita, ni al proceso político, esto simplemente es un escrito de blog. Ojalá algún día pueda escribir para lo que es pertinente al proyecto político.


Antes, cuando comencé este proyecto, podía escribir el mismo martes, y era el Martes de Matertrasnmutar porque realmente escribía los martes, y tenía tiempo, y porque realmente estaba Matertransmutando. Ahora mismo no sé si estoy ahí. Ahora mismo no tengo muy claro dónde estoy. Y otra vez me encuentro frente a la pantalla de la computadora, tratando de encontrar alguna respuesta en el interior. ¿Será que el interior también está sobrevalorado? Suelen hablarme más las yemas de los dedos. Como si estuviera ahí mi felicidad.


Ahora, entre todo lo que creo que soy, me sigo identificando con el "ser madre-mujer", y también sigo siendo mujer, pero del mismo modo soy otra cosa, soy un no ser, y no sé si ese no ser sea para llegar a ser. Creo que ya no puedo ser así, ni sé si aquí, solo sé y he entendido de algún modo que no puedo ser si no somos. Creo que solo puedo encontrar el ser si más allá de tender un puente, aprendo cómo es que se puede estar en un mismo lado, sin tener que cruzarlo tanto, sin tener que necesitar tanto llegar al otro lado para encontrarse con algo. Algo que despierte entusiasmo, algo que me genere la necesidad de creer, de pensar que puedo ser parte de algo más, de una transmutación más grande.


Me he desviado, pero, quería contarles del movimiento del amor propio, y de cómo está sobrevalorado. Estoy en desamor conmigo. No estoy donde necesito, donde quiero estar. No estoy, aunque por una parte sí que lo esté. Pero me refiero a que no estoy en donde quiero estar conmigo. Siento que no estoy habitando en el agradecimiento a mi cuerpo, a mi vida. Siento que estoy castigándome y que no tengo una voz amorosa conmigo. Siento que me reprimo, Que me contengo. Que me irrito. Siento que insisto en controlarme demasiado, siento que no me permito ser. Tengo rigidez y la siento en la espalda, y la siento en las muñecas, y la siento en las manos, y en el cuello, y en los hombros. Me genera vértigo. Me da vuelta todo: da vueltas el techo, da vueltas el suelo, da vueltas la cama, pero en realidad da vuelta mi cabeza interior. Si estoy aquí escribiendo ahora es porque quiero, intencionalmente, quererme un poco más.


A veces me mimo cuando escribo. Es mi forma de quererme, es mi forma de decirme que me estoy haciendo un poquito de caso. No me confundan, no es que tenga mucho tiempo para pensar en estas cosas. Yo puedo hacer muchas cosas a la vez a veces y como quiera estar sobrepensando todo el tiempo. Siento todo a mi alrededor, escucho todo a mi alrededor. Mientras hago, y no paro de hacer, trato de conscientemente darme tiempo de estar tranquila, pero no lo consigo. Mi mente repite y repite lo que me queda por hacer y yo no siempre logro tener alguna injerencia para ocuparle en otra cosa más amorosa. También por eso hago yoga de vez en cuando, busco calmar mi cabeza que no para de pensar, que no para de organizar y planificar, de coordinarlo todo. Pienso que necesito más terapia, quizás medicación, o simplemente consuelo y tiempo, aceptación que no sea la de resignarse. Quizás estoy esperando a poder decirme que está bien, que esta soy yo, que puedo comenzar a aceptarme, o como diría un ser maravilloso, a aceptarme radicalmente. ¡Pero qué complicado puede ser eso de aceptarse cuando una tiene el volumen en high con el adoctrinamiento, con la culpa de la mujer domesticada! A veces no sé si conozco bien mi animal.


Por eso creo que eso del amor propio está sobrevalorado, y sé que el amor propio ha ayudado a mucha gente, y sé que eso puede funcionarles a algunas personas, pero creo que a mí no. No siento que sea eso lo que me falta. Creo que tengo amor para mí, pero aprendí solamente un modo de cuidarme, y es cuidando, entregando mi cuidado a otros espacios, a otras gentes, a otros proyectos, a otras mentes. Pocas veces aprendí del autocuidado y no creo en eso, a menos que sea colectivo. Por eso pienso que eso del movimiento del amor propio está sobrevalorado porque lo "propio" no existe y porque desde lo "propio", que parece más separarnos, no se pueden tejer vínculos. Y si no existe lo propio, y todo es un dejar de ser para ser con les/as demás, y si no puede haber autocuidado sino es colectivo, y si el individualismo es capitalista y nos enajena, y si el privilegio nubla la empatía, y si el neoliberalismo nos privatiza, entonces no tenemos posibilidad de amar a nadie, ni siquiera a nosotras mismas. Si ustedes pueden amarse a sí mismas/es sin vínculos que sostengan, explíquenme cómo es que eso puede ser amor. A mí me parece más un discurso que responsabiliza a una de la opresión sistémica. Así no podemos acompañarnos y no podemos cuidarnos, y entonces no podemos hacernos un nosotras/es y no podemos transformarnos. Siempre estaremos operando desde la mirada lejana de la otredad. No podemos hacer, ni ser, si otras no son, ni pueden hacer. El "movimiento del amor propio" no opera desde una perspectiva colectiva. Entonces para mí ya no tiene sentido. Aunque este ejercicio solitario de escribir para sanarme me contradiga.


Todavía guardo mi primer diario, con fecha del 1 de agosto del 2003. Si le pongo luz infrarroja, hay un tesoro en sus páginas viejas. Esa era la magia de aquel diario. Cómo no iba a querer, después de eso, escribir un libro. Ese diario era de "Lisa Frank" y tenía un marcador que escribía, pero solo se podía leer bajo la luz de una linterna que un día dejó de funcionar, y no sé por qué no se pudo arreglar, tal vez es que la perdí. Pero no iba a perder la oportunidad de escribir sobre lo ya escrito, que en apariencia eran hojas en blanco. Entonces me hice adicta a eso, a escribir. Todavía conservo ese gusto, ese placer que de vez en cuando me deja comprender lo que me pasa, y eso me complace. Quién sabe si este ejercicio solitario, hoy plasmado en un blog y no en un diario mágico, anime a alguien a escribir. O puede ser que en la yema de los dedos esté el secreto de la felicidad. No crean que las estoy sobrevalorando. Que no sea un pecado escribir. Aquí mis dos versiones de un final, la de la mujer-madre adoctrinada, y todavía no sé, si la de la militante política feminista.