Las heridas son el reflejo.

III


Saludos:

Estoy de vuelta.


He pensado tanto en ustedes y en mí, y en cómo el ejercicio de la (re) escritura nos (me) dirige a transgredir la (mi) realidad y a reinventar el (mi) futuro. En ese proceso de la (mi) (re) escritura aprendí a disfrutar y a reconocer las heridas que me habitan, ya que cada una de ellas me acercaba a un viaje lleno de autoconocimiento y sanación. Y he aquí lo que aprendí de cada una de ellas:

Las heridas son el reflejo de una misma, del camino que inventamos, de los ojos que de tanto mirar se convierten en abismos… la herida eres tú que te levantas, soy yo, somos nosotras cuando abrimos nuestras bocas para gritar.


La escritura siempre ha sido para mí la cura de todos los males, porque a través de ella aprendo que las heridas son las mismas al pasar el tiempo y reconozco que ya otras mujeres han podido encontrar las maneras de sanarlas y encuentro el acompañamiento necesario. Con esto, les digo y me digo que aunque parezca que estamos solas las mujeres de la historia nos llevan de la mano y nos envían palabras de aliento. Por lo cual no debemos temerle a las heridas, porque con ellas se ha construido el universo y se ha transmutado la realidad a través del tiempo. ¡Gracias por el aprendizaje compartido!


Cordialmente,



La Profesora.