Deseo cumplido.

Qué puede ser más placentero que escribir aquí. Estoy ahora sentada sobre una silla bastante cómoda a pesar de ser para el exterior, me posiciono en forma de india y tengo de frente un lago enorme que a veces me parece pequeño y al revés. Escribo simplemente por el placer, no por el oficio. No escribo como oficio, a pesar de haber estudiado periodismo.  Llevo varios días aquí. He obtenido de mi tiempo para meditar, para respirar, para descansar sobre todo emocionalmente. He tenido muchos deseos casi expectativas imposibles de escribir aquí alguna obra maestra. Pero para quién quiero escribir eso. No es para mi. Es probable que busque aprobaciones, que alguien más piense que escribo para algo, que tiene algún propósito, que no es simplemente un espacio de placer. Mientras escribo escucho el sonido del lago, también de alguna taladora burda y tan absurda como puedo llegar a ser yo. Solo así se puede vivir, es la dialéctica de la vida, un poco de gris no, todos los colores.  Sigo escribiendo y me gusta el sonido que hace el teclado, me gusta la sensación con la que se mueven mis manos y me gustaría decir que escribo para algo, que tiene un lugar a donde llegar. Pero casi nunca tengo victorias en eso, como pocas certezas tengo, y tantas carencias.  Todo es después de todo una manera de ver. Aquí frente a mi cara, azota fuertemente el sol caliente de este lugar tan frío. Y eso me gusta aunque casi que no puedo mirar la pantalla de la computadora ni logro ver el paisaje hacia el frente por tanto resplandor. Si me pongo a pensar, mi vida ha estado cargada este pasado año de mucho resplandor y no lo he celebrado casi nada, sino en absoluto.  Hace pocos días cumplía años, 29 para ser exacta, todavía no tengo problemas con eso de decir la edad. Es el pecado de la juventud supongo.  Mis pasados 28 años han sido extrañamente bellos. Muchas de las cosas que deseaba las pude hacer. En mi lista de deseos que tenía guardada por algún lado, quería ver alguna vez, un sauce llorón.También soñaba con ver ballenas en su vida natural, y además quería escribir un libro, ser escritora. Pero ya les dije que no escribo ni por oficio, ni por vocación, escribo por placer. Al menos eso es lo que pienso ahora. Y como les contaba, esa lista de deseos, era corta, y creo que sencilla, pero al final era mi lista de deseos y creía que quizás eran deseos buenos como para poder cumplirse.  Vivo en una isla, pero nunca había podido ver allí una ballena. Iba en auto a Rincón en temporada durante los pasados 3 años y no había tenido la suerte de encontrarlas. Nunca. En alguna de esas veces pasó que estaba en el pueblo de Rincón y saltaba hermosamente una ballena avistada desde el Morro en el Viejo San Juan -tan cerca y tan lejos- pensaba. Cada vez que iba al mar, a cualquier mar, pensaba que solo tenía que seguir mirando, y que un día iba a ver una ballena sorpresivamente sin buscarla. Eso en mis 29 años de vida no ha pasado aun, no pierdo esa ilusión.  Crecí frente al mar, en la casa de mi abuela, en la casa de mi familia en el sur este de la Isla, y no se si imagine o si en realidad recuerdo aquella vez que paso lo que para mi era una caravana de ballenas a lo lejos. Recuerdo a mi padre, mirando por unos binoculares, y a mis familiares señalando hacia lo lejano, hacia el horizonte. Me tomaron en los hombros, y dije que sí, que las veía, pero era solo que no quería ser la que se lo tuviera que perder. 

En estos tiempos he deseado dejar ser a mi niña sin sentir que debo mentir, complacerla, a ella, hacerle caso, atenderle sus caprichos y necesidades, decirle que me importan, y que estoy dispuesta a hacer que pasen cosas buenas para su corazón.  Resulta que he visto ballenas este año y las he visto muy de cerca, porque las he ido a buscar en el mar pacifico. Iba sentada en ese barco, con muchas ganas de vivir esa experiencia, y a lo lejos la vi, con el soplo saliendo del espiráculo. Y entonces señalando grite(casi sin contener la emoción de niña) ahi esta, ahi esta, una ballena. Al fin, estaba viéndola en el mar abierto, hermosa, majestuosa. Me pareció pequeña. Era una ballena jorobada. Y entonces brotó el agua, como un soplo por los ojos míos, que eran ahora espiráculos también. Vi muchas muchas más ballenas ese día, hasta casi aburrirme. Tanto desear, para ser tan malagradecida’, la sorpresa no es mi jueza.  En la lista de deseos, también estaba ver un sauce llorón, un sueno de mi niña que veía pocahontas, así de ridículo y tierno. Me tomé una foto, estaba podado, y me pareció la cosa más triste y menos creativa del mundo. Cómo se les ocurre podar un árbol que se caracteriza por su melena, sus lianas, sus hojas y ramas largas y colgantes. Pero aun así era un árbol abuela que pendulaba hermosamente con la brisa cálida del centro de California despidiendo el verano. Los encontré en un lugar burdo para mi, odioso para ser honesta, en un parque de golf. Los reconocí mientras miraba por la ventana buscando alguno,desde el carro corriendo en el expreso, estaba a menos de 10 minutos de la casa donde estábamos quedándonos. No lo podía creer, iba a ver sauces llorones, podados, en medio de un parque de golf. A nadie le importaban esos sauces llorones, a nadie, más que a mi.  A mis 28 años, también publique el libro que comencé a escribir a los 24 años, sin tener ni la mínima idea de lo que hacía. Como ahora a mis 29. Que escribo de cualquier cosa, porque hoy es martes, y me gusta jugar a que soy escritora de oficio, que vivo para la literatura y que la literatura me deja vivir de sí. De la lista de deseos, añadir, ‘dedicarme a escribir’. Tal vez ya lo estoy haciendo.Puede que alguien le guste leerme. No tiene que ser el propósito.Me doy permiso de dedicarme a escribir. Deseo cumplido.