La culpa es de las madres, dicen por ahí.

La culpa en esta sociedad nunca es huérfana. Cuando no encuentran a quién ponérsela de sello se la ponen a las mujeres, y si una mujer no es suficientemente evidente para ser culpada de causa, entonces acusan a su madre. Hasta cuando un hombre acomete alguna barbaridad (a la que casi siempre se le encuentra justificación) en caso de adjudicarle socialmente alguna culpa, porque sin remedio queda evidenciado su descaro, culpan a su madre y adjudican que no supo criarlo, o enseñarle los valores "porque eso le toca a la madre" o "es que las madres son las que crian hombres machistas" o "el machismo empieza en la casa" dicen, y "la madre es la que cría a los hijos", dicen.

Pareciera que escribo sobre tiempos muy pasados, y con remotas miradas a la realidad social de hoy, pero no, escribo del presente dónde todavía la culpa la tiene la víctima, casi siempre con rostro de mujer o de niña, y si se reconoce injusto acusarle por razones de vasta evidencia de inocencia, entonces sin duda la culpa será de la madre. Hemos normalizado tanto la violencia al punto en el que no reconocemos cuando la reproducimos, cuando la justificamos, o cuando designamos y señalamos culpables. Seguimos pensando que la responsabilidad es de la madre, que somos las madres quienes tenemos que responder siempre por las desgracias, las que tenemos que dar cara, las que deben ser desconfiadas y sobreprotectoras, las que debemos y debemos siempre algo a esta sociedad que ni siquiera nos considera.

Vivimos en una sociedad adultocéntrica, mercantilista, capitalista, neoliberal, racista, xenofóbica, misógena, patriarcal, colonizada, donde no hay espacio para ser madre, donde no se nos reconoce el derecho a serlo, aunque se hable del deseo, aunque se adjudique como una responsabilidad y compromiso social estrictamente de las mujeres. Vemos que nos presentan la maternidad como destino, no se valida la importancia del deseo, y más que el deseo la necesidad de que sea derecho de todas maternar en una sociedad que responda a las maternidades, que permita las condiciones de vida dignas para poder ser madres cuando lo deseamos, y poder no serlo cuando no lo queramos. Y a pesar de que no se nos brindan las condiciones para poder ejercer una maternidad libre, la maternidad que queremos, la que ejercemos y vamos construyendo cada día, se pretende seguir increpándonos y manteniéndonos presas de unas expectativas de lo que es ser madres que están muy cargadas o totalmente subordinadas a la maternidad patriarcal, que es concebida como un destino biológico, que es cargada de culpa, de sacrificio, de dolor, de sumisión y entrega total.

No hemos sido capaces de transformarnos en una sociedad más inclusiva, que reconozca y proteja la diversidad que somos, y que cuide a la niñez, que le resguarde, que le reconozca sus derechos y que cree las condiciones y provea las cubiertas de las necesidades comunitarias para que esa niñez pueda crecer en paz y libertad y por lo tanto pueda desarrollarse de modos extraordinarios. Por el contrario, tenemos una sociedad que deja para después los temas como educar con perspectiva de género, el cambio climático, salud universal, protección de especies, soberanía alimentaria, retiro digno, equidad, descolonizar, entre tantos otros asuntos medulares para la niñez del presente y futuro.

Sin embargo, aún con todo este escenario, se mantiene un discurso patriarcal, machista, antiniñez, antimadres, y una cultura de violación en la que se perpetúa el odio y justifica la violencia hacia las mujeres, niñas, madres, abuelas y todas aquellas mujeres que sostienen nuestra sociedad con sus triples y cuartas jornadas. Se sostiene una cultura de violencia contra todas aquellas personas que maternan y cuidan en esta sociedad, casi siempre siendo cuerpos feminizados, empobrecidos y precarizados. Para esta sociedad la culpa de la violencia y la agresión, de las violaciones, de los feminicidios de las desapariciones siempre es de las mujeres, niñas, víctimas, y sino es de sus madres, pero decimos basta, decimos que NO, exigimos que se reconozca que la culpa siempre ha sido, es y será de quien agrede, la culpa es de quien viola, de quien mata, la culpa siempre ha sido del Estado y su indolencia pero también, y esto es quizás lo que más duele, la culpa es de la indiferencia.