"Mamá tengo una reunión"

Mi hije nació en noviembre y hoy cumple 2 años y 11meses. Lo trasladamos a este mundo material a pocos meses después del Huracán María. Desde entonces nada es normalidad. Por eso, vivir nuestra vida, la de nosotres, a sido un constante "no darnos por sentado" y tomarnos como aprendices de lo que es vivir y querer hacerlo juntes.

Luego del Huracán María, fueron tiempos de tormenta en mí, y mi hije también estaba ahí, expuesto como mi alma misma, frágil, vulnerable, devenido de mi cuerpa, de mi nutrir. En elle entiendo bien eso de que somos un espejo, de que estamos proyectadas por todas partes, y que todo aquello que no queramos ver, mirar, observar, escuchar, atender de nosotras mismas nos rebota, hasta que le hacemos caso o no.

Ahora son tiempos de pandemia, trabajamos desde casa algunos días a la semana, y estamos con nuestre hije, que a veces nos dice que tiene una reunión. Y vemos un poco lo que se significa en su intelecto este tiempo y lo que es una reunión para mi niñe; una mesa que no sirve para comer, y sobre la mesa una computadora, y sobre la computadora unas manos tecleando, o la mirada en la pantalla fija, o algunas voces por la bocina a la que a veces mi niñe les saluda con un "hola, soy Lucas André" que nadie escucha. Es que es una reunión virtual y en "mute".

Y así va transmutandose la vida como la conocemos; el que será, el construir, el para quién, en dónde estás, y el a dónde ir. Es mi hije un recordatorio del lugar que me espera, del espacio que no se puede comprar, de la razón de lo que es vivir, y del para qué y por quién vivimos y nos reunimos.

"Mamá tengo una reunión" es la frase con tono de angustia y ajoro que me dice mi hije de dos años, cuando le quito la silla de la oficina, y la devuelvo a su lugar o mientras le quito los espejuelos de receta de farmacia y también los escondo para que no los rompa. Dice insistente y angustiosamente, "tengo una reunión, tengo una reunión". Yo por dentro río de la ternura que me provoca su entendimiento de la realidad, y a la vez me asombro de lo que nos provocan estos tiempos, y de lo que se puede, desde los 2 años, interpretar. Y le digo "mi amor, lo mejor de tu vida es que no tienes que ir a reuniones"...pero en verdad no sé nada de lo que es lo mejor.

Ahora mientras escribo ha regresado mi niñe, a sentarse entre mis piernas no sin antes preguntarme "mamá tiene una reunión ahora mismo". Le respondo con un "no mi cielo, no estoy en una reunión" y sigo escribiendo mientras toma la teta sin permiso. Es así, si de pronto me distraigo un segundo, astuto y casi imperceptible viene a mi pecho buscando mi sostén. Está constantemente haciéndose cargo de buscar y reclamar su espacio dentro de estas rutinas anti-maternidades, anti-niñez, anti vida, y nos lleva a la urgencia de reunirnos de verdad y de no darnos por sentado.