[Historia de parto] mi cuerpo sabe dar a luz.

My body knows how to give birth to my baby. Me siento a escribir esta historia y me pregunto por dónde empezar. “¿Deberá ser con la primera contracción?”, me digo. Entonces, la construccionista social que vive en mí contesta que cómo voy a hablar de mi parto sin ponerlo en contexto; sin hablar de mi embarazo. Pero bueno, tal vez el embarazo merece ser su propio escrito. Decido empezar por la mañana del miércoles, 8 de abril de 2020. Este día tenía cita con mi partera ya que tenía 39 semanas y 4 días de embarazo. Me pregunta por el conteo de patadas, me mide la panza y me pregunta si deseo que me chequee si he dilatado. Acepto. “Estás dilatada 2cm, el cérvix está 70% effaced y bebé está en la estación -2”. Me pregunta si deseo que hagan separación de membranas y digo que no. Para quien no sepa, la separación de membranas es un procedimiento en el que introducen los dedos en la vagina y manualmente separan la bolsa de líquido amniótico del cérvix para estimular la labor de parto. Conversamos por un rato sobre cómo me he sentido, le comenté que había estado sintiendo contracciones leves y me compartió algunos métodos de inducción naturales que podría intentar (ej. seguir jartándome de piña, tener sexo, acupresión, etc.). Me dice que no hay necesidad de hablar sobre inducción ya que ella entiende que me puedo ir de parto de aquí a mi próxima cita.


I put all fear aside as I prepare for the birth of my baby. Pausa. Tal vez este sea un buen momento para explicar un poco de ese contexto que mencionaba al principio. Actualmente me encuentro viviendo en California y tengo el privilegio de contar con plan médico a través de mi trabajo. Mi plan tiene parteras como parte del equipo de ginecología y obstetricia. Típicamente, si el embarazo no presenta riesgos, el cuidado prenatal y el parto es atendido por parteras. Yo estaba indecisa, digo, preocupada de parir en un escenario médico ya que estaba/estoy muy consciente de la violencia obstétrica que impera en algunos hospitales. Más aún siendo mujer latina en Estados Unidos. Exploramos la posibilidad de parir en un birthing center pero mi plan no cubriría nada del pago y no había presupuesto para costear el servicio. Al menos durante el embarazo pudimos observar que en mi plan/hospital las políticas relacionadas al cuidado/educación prenatal, parto y postparto eran de avanzada y se alineaban con nuestros intereses.

Nuestro plan de parto era sencillo: tener una experiencia de parto humanizada y recibir a nuestrx bebé de la manera más calmada y natural posible.Tomamos un curso de hypnobirthing, fuimos a cuanta clase encontramos sobre parto, vimos todos los videos que existen en Youtube y contábamos con el acompañamiento de la maravillosa Melody, nuestra doula. Durante el embarazo trabajé mucho con tratar de entender la importancia de confiar y dejarme llevar por el proceso. Hubo mucho juego con la idea del control... pero eso también es otro escrito. En fin, nos sentíamos listxs.


Ahora bien, recordemos que estamos en el 2020 y que hay sorpresas en cada esquina, así que, de momento... ¡PANDEMIA! Las políticas en las clínicas y hospitales comenzaron a cambiar cada semana, California decretó cierre, incertidumbre por doquier. Ahora la mayoría de mis citas serían por teléfono, Omar (mi esposo) no podía ir conmigo a las citas presenciales de seguimiento, mi doula no iba a poder estar presente en el hospital (se permitía solo un

acompañante) y me informan que es muy probable que no pueda llevarme mi placenta. Otra vez toca respirar y confiar.


I trust my baby and my body. I surrender to this journey. Retomando el cuento: llegó el martes, 14 de abril de 2020 y regreso a mi cita con la partera; bebé sigue traquilito en mi vientre. Tenemos la misma rutina: chequeo pélvico, conversación sobre separar membranas y cómo me he sentido. Me informa que sigo igual que la cita anterior y hago el chiste de que bebé se tomó en serio el stay-at-home para evitar el COVID-19. Ya en esta cita me encuentro en mi semana 40 con 3 días. La partera comienza a orientarme sobre cómo procede el cuidado prenatal de aquí en adelante: calendarizamos inducción o comenzamos a hacer citas para los non-stress tests. Yo quería evitar inducción a toda costa, ya que entendía que mi bebé llegaría a su propio tiempo. Le pregunto sobre los non-stress tests y ella me explica que son citas cada dos días directamente en el hospital (no con ella) en las que me monitorean las contracciones y latidos del bebé por un tiempo para asegurarse que no hayan riesgos que indiquen necesidad de inducción. Mi partera y yo teníamos buena relación- siempre me daba el inside scoop de cómo funcionan las cosas en el hospital. Ella, sabiendo que mi plan era evitar inducción, me advierte que en esos non-stress tests a la que encuentran cualquier pequeña razón para inducir, me admiten al hospital al momento. Nuestro plan era hacer labor de parto en casa lo más que pudiéramos y salir para el hospital solo para pujar, por lo que la idea de que me admitieran al momento implicaba decirle adiós a ese plan. Además, recordemos que estamos en tiempos de COVID-19, por lo que la idea de estar en el hospital genera más ansiedad de lo que generaba antes. Más aún sabiendo que mi doula no iba a poder entrar al hospital con nosotrxs. Luego de una larga conversación acerca de mis opciones, decidimos hacer cita nuevamente para el jueves, 16 de abril. La idea era que le daríamos esos días adicionales a bebé para venir por voluntad propia y, en caso de que aún estuviera en la suya, haríamos la separación de membranas para ver si eso estimulaba la labor de parto. Me voy de la cita con un sabor agridulce. Por un lado, me encabrona pensar que el sistema médico me está presionando a apurar a mi bebé y me genera impotencia que las opciones que se me presentan no son las ideales. Por el otro, siento que estoy recibiendo un buen cuidado de mi partera quien me ayuda a tomar decisiones informadas sobre mi proceso y me guía para navegar el sistema. Aquí vuelvo a tener una batalla existencial con la idea del control.


I feel confident, I feel safe, I feel secure. Llega el jueves, 16 de abril y Mikael Andrés está bien apretadito, rico y calientito en mi vientre. A las 10 am voy a la cita para la separación de membranas. Antes de hacer el procedimiento la partera me explica exactamente qué va a hacer y me recuerda que si en cualquier momento me siento incómoda le diga que pare. Introduce sus dedos, me dice que tengo 3cm de dilatación, 80% effaced y bebé sigue en estación -2. Me avisa que va a proceder con la separación y me pide que respire hondo. ¡Ay, el dolor¡ No sé cómo describirlo, pero se siente todo. Duré como 20 segundos y pedí que parara. Respiro. Ella me explica que mientras hacía el procedimiento sintió que tuve una contracción y que entiende que me debo ir de parto antes del sábado, día en que se cumplían mis 41 semanas. Tenemos nuestra conversación de rutina y me explica que esa sería la última cita en la clínica y que me estarían llamando del hospital para hacer la cita del non-stress test. El resto del día estuve experimentando diversas señales de labor de parto: terminé de botar el tapón de moco cervical, comencé a botar un poco de sangre y estuve experimentando contracciones irregulares pero frecuentes. Fuimos a caminar, tuve cita con la quiropráctico y descansé lo más que pude. Recuerdo que a eso de las 10pm me estaba preparando para dormir y Omar estaba trabajando en su propuesta de investigación en la oficina. Fui a darle beso de buenas noches y le dije que se acostara temprano que me parecía que el show estaba por comenzar. “Ay, es que estoy inspirado”, me contesta.


I am relaxed and happy that my baby is finally coming to me. Esa noche, viernes, 17 de abril de 2020 a las 12:30am, me levanto con una contracción. Llevaba todo el día experimentando contracciones esporádicas así que dejo que pase y voy al baño. Al estar sentada en el inodoro siento que viene otra y me digo, “uy, como que estuvieron cerquita”. Me quedé un rato en el baño a ver si experimento una tercera y a los 5 minutos, otra ola. “Okay, ¡aquí es que es!”. Regreso al cuarto y levanto a Omar (quien se había acostado hace solo media hora por la inspiración que tenía en la propuesta). Le digo que me parece que empezó la primera etapa porque había tenido varias contracciones corridas. Nos emocionamos mucho. Si algo aprendimos en la educación prenatal es que el parto no es como en las películas y no hay que salir corriendo a la primera contracción, tampoco hay que estresarse. ¡Estábamos más que contentxs de que nuestra cría estaría por llegar! Traté de volver a dormir pero no pude. Me senté en la bola, pusimos los tracks de hypnobirthing y respiré cada contracción en calma. Omar comenzó a monitorear las contracciones con una aplicación llamada Full Term (muy recomendada) y observamos que mis contracciones estaban durando 47 segundos y venían cada 4-5 minutos aproximadamente. A eso de la 1:30am le escribo a mi doula para dejarle saber que la labor de parto había comenzado pero que no necesitaba que viniera todavía. Omar había ido conmigo a cuanto invento encontré para prepararnos, a cada clase y cada cita. Hablamos mucho de qué necesitaría de él así que, por el momento, estábamos bien solxs.


I meet each surge only with my breath; my body is at ease. Durante las próximas 3 horas estuvimos poniendo en práctica todo lo aprendido. Luz tenue, musiquita relajante y trabajando con mi respiración. Iba de la bola medicinal al inodoro, del inodoro a recostarme en el gavetero. Observé que sentarme o tratar de acostarme en la cama me generaban mucha incomodidad así que descarté esas opciones rápidamente. Lo más cómodo que me resultaba era pararme en frente del gavetero recostando mis brazos sobre el tope e inclinándome levemente cada vez que venía una contracción. Semanas antes había estado trabajando en un vision board como ejercicio de preparación mental para el parto. El mismo tenía imágenes relacionadas al parto, afirmaciones, muuuchas flores y brillo. Se me ocurrió hacerlo ya que en una de las clases prenatales nos hablaron de tratar de tener algún objeto que pudiera usarse como punto de enfoque. ¡Qué genial idea! Durante estas 3 horas consecutivas puse el board encima del gavetero justo en frente de mí y me concentré en intencionar cada afirmación. Otro tip importante para quien me lea y vaya a parir: hay una crema llamada Deep Blue Rub de DoTerra que hizo toda la diferencia con el dolor de espalda baja. Omar me daba masajes con ella entre contracciones y ayudaba significativamente a calmar el dolor. Otro amuleto que tuve puesto fue un collar que confeccionamos en uno de los baby showers de Mikael Andrés (¡tuvo tres!). El collar estaba hecho con beads que escogieron lxs invitadxs del shower y tenían intenciones positivas de su parte para Omar, Mikael y para mí en la aventura que estaba por comenzar. La idea fue de nuestra doula, quien quería que nos sintiéramos acompañadxs por nuestrxs seres queridxs durante el proceso de parto.


I soften, I open, I release. A eso de las 4am llega Melody, nuestra doula a casa. Les cuento un poco sobre ella, Melody fue una de las primeras personas que conocimos al llegar a Santa Ana, CA hace tres años. Su esposo, Héctor, es puertorriqueño y el universo nos juntó super random por Facebook como a la semana de llegar. Esta pareja es pura luz. Son unxs gestores comunitarios de admirar y, literalmente, cada vez que conocemos gente gufia’ acá les conocen. Melody y yo comenzamos a conectar más y más para el 2018 cuando me uní a sus clases de zumba y meditación. Tan pronto supe que era doula, incluso sin planes de tener bebés en el momento, supe que quería que me acompañara cuando el momento llegara. Cuando llega Melody básicamente le da la susti a Omar. Me hizo reiki, me dio masajes, me ayudaba a encontrar mi centro. Melody tiene una energía que inspira pura paz. Cuando gemía con las contracciones, ella me daba palabras de validación y calma. Cuando descansaba luego de la ola me animaba a cambiar de posiciones e intentar movimientos para ayudar a bebé a bajar. En estas estuvimos como por 3 horas más: bailando las contracciones suavemente, apoyando mi peso entre Omar y Melody cuando venían las olas para poder relajar el cuerpo, etc. La intensidad subía cada vez más y yo podía sentir cómo mi cuerpa comenzaba a reaccionar distinto. A este punto mis contracciones comenzaron a presentarse con más frecuencia. Si mal no recuerdo, a eso de las 7am las olas venían cada 3 minutos y duraban 1 minuto en su mayoría. Mis vocalizaciones comenzaron a subir también así que los tres entendimos que podía estar transicionando, de modo que contemplamos que era hora de movilizarnos al hospital.


Your worth is not measured in centimeters. La movilización al hospital fue interesante: bajar las escaleras fue una misión, caminar al carro tomó el triple de tiempo que lo usual y pasar las contracciones restringida por el cinturón de seguridad fue una movie. Por si se les olvidó, les recuerdo que estamos en pandemia y Melody no iba a poder entrar con nosotrxs. Ella guió hasta un punto cercano al hospital para esperar que nos confirmaran que me iban a admitir. Al llegar, nos pusimos las mascarillas y nos bajamos a hacer fila para entrar. Nos toman la temperatura en el lobby y nos hacen las preguntas típicas para descartar síntomas de COVID-19. Me preguntan si quiero/puedo caminar o si necesito una silla de ruedas y yo, como siempre creo que todo lo puedo, dije que no la necesitaba. Inmediatamente me dio una contracción en la que casi ni pude sostenerme de pie, así que me trajeron la silla. ¡Paréntesis! La forma en la que está organizado el piso de parto es así: 1) llegas a unos cuartos de evaluación inicial donde monitorean a bebé y mamá por 20 minutos y hacen chequeo pélvico; 2) te admiten oficialmente y te pasan a los cuartos de labor y parto; 3) cuando pares, te mueven a los cuartos postparto hasta que te dan de alta. Olvidé mencionar que, como parte de los cambios por la pandemia, no se permiten acompañantes inicialmente. Lo que significa que al entrar al hospital, Omar me dejó con uno de los guardias de seguridad y tuvo que regresar al carro a esperar. El guardia me lleva hasta el piso de labor y parto y me deja con una enfermera. Me piden mi información personal y, entre contracciones, me dan unos papeles para firmar. Cuando llego al cuarto de la fase 1 (evaluación), me piden que me cambie de ropa y me ponga la bata de hospital. Pasé un trabajo brutal tratando de hacer esto sola, ya que las contracciones estaban peaking, pero lo logré. Entra la enfermera nuevamente y me dice que hay que ponerme los monitores para ver las contracciones y los latidos del bebé. Estas cintas son elásticas y bastante suavecitas, pero mi dolor de espalda baja estaba tan intenso que la sensación de tenerlas puestas era como si tuviera algo punzante tocándome el área (alrededor del vientre). Una vez me las pone, la enfermera me dice que debo permanecer acostada en la camilla porque el movimiento impide que se lea bien lo que tienen que monitorear. Le explico que el movimiento es lo que me ha ayudado a manejar las contracciones pero insiste en que debo quedarme acostada. Una vez me acuesto me hacen el chequeo pélvico y me indican que estoy 4cm dilatada. El rato que estuve allí fue super retante. Estaba sola, tenía frío, me dolían las correas y no podía moverme para manejar las contracciones. Al tiempo entra nuevamente la enfermera, mira los monitores y me vuelve a hacer chequeo pélvico. Me dice que estoy aún en 4cm, por lo que no me pueden admitir al hospital. Ella me explica que en cualquier otro momento me hubiesen admitido, pero por el COVID-19 cambiaron el protocolo y ahora tendría que estar en 5 o 6 cm para ser admitida (para limitar el tiempo de exposición en el hospital). Inmediatamente me entró una frustración grande. Recordemos que llevaba en 3cm desde el jueves en la mañana, lo que implica que aunque mis contracciones estaban tan seguidas bebé seguía bastante arriba y mi cérvix estaba dilatando lentamente. La enfermera me explica que como tengo contracciones bastante intensas y regulares, me van a tomar la muestra de sangre en ese momento para ya tener ese paso adelantado cuando tocara volver al hospital. De paso, me ofrece un ponerme una inyección de morfina para ayudarme temporeramente con el dolor y que pueda descansar. Nuestro plan era tener un parto no medicado, pero su oferta sonaba irresistible. Luego de hacer todas las preguntas del mundo y debatir internamente, acepté. A este punto ya ni sé cuánto tiempo llevo allí, pero al salir Omar me dijo que estuve más de hora y pico y él estuvo llamando al hospital frecuentemente para saber qué estaba pasando.



I am doing a fantastic job. Regresamos a casa. La inyección alivió un poco las contracciones pero no por mucho. Lo que sí es que pude dormir por un par de horas. A medida que el efecto se fue disipando, las olas se volvieron más fuertes. Melody sugirió que me diera una ducha y eso hice. ¡Ay, la magia del agua! Omar me acompañó y me daba masajes y hacía presión entre las contracciones y me daba palabras de aliento. Estaba en calma. Con dolor, pero en calma. Al salir de la ducha Melody sugirió que fuéramos a caminar. El aire fresco me vino muy bien y salir del cuarto ayudó mucho a distraerme. Siento que en esta ocasión el tiempo pasó más rápido. Cuando me cansé, regresamos. Me recosté por un rato, volvía la bola medicinal y bailé de lado a lado cuando venían las olas. A todas estas, llevamos 14+ horas de parto y solo 2-3 horas de sueño. Mi cansancio era tal que en ocasiones me quedaba dormida entre cada contracción. Melody y yo estuvimos un rato en el balcón mientras encendíamos un ramo con palo santo y otras hierbas que tenía guardado para este momento. Intencionamos la pronta llegada de Mikael Andrés y conecté con él. Si mal no recuerdo, Omar hizo un caldo de pollo y en ese momento tomé un poco. No había comido nada desde la cena el jueves en la noche.


Each surge of my body brings my baby closer to me. A eso de la 5:30pm apretó la cosa de verdad. Apenas podía sostenerme de pie cuando experimentaba contracciones y fui perdiendo la calma. Sentía mucho más intenso que en la mañana cuando fuimos por primera vez al hospital. Las contracciones estaban muy cercanas así que decidimos volver a trasladarnos al hospital. Al igual que en la mañana, los 18-20 minutos que pasamos en el carro se me hicieron eternos e intensos. Al llegar al hospital había fila para entrar pero esta vez me pasaron por el lado. Mismo protocolo: toma de temperatura, preguntas sobre el COVID-19 y la silla de ruedas. En esta ocasión Omar pudo subir conmigo para dejarme en la recepción de la sala de parto. No voy a mentir, llegar nuevamente al cuarto de evaluación me sacó de concentración. Tuve que volver a pasar por el proceso de cambiarme de ropa cuando casi no podía estar de pie, el cuarto es super pequeñito así que no tenía mucho espacio para caminar y mi sistema de apoyo no estaba conmigo. Esta vez me vino una enfermera bastante rápido y me hizo chequeo pélvico. “Estás en 7cm”, dijo. Fue un alivio escuchar esas palabras porque al menos sabía que no me iban a mandar otra vez para la casa. Inmediatamente veo que cambia un poco el semblante y comienza a prepararse rápidamente. Me indica que van a preparar todo por si termino pariendo al bebé en esa camilla. Llamo a Omar y le digo que me van a admitir para que le permitan subir. La enfermera me pone los monitores nuevamente y, tal como en la mañana, siento como si me pincharan con muchos alfileres tan pronto me lo puso. Yo había salido positiva al Group B Strep así que me pusieron suero con penicilina de inmediato. Al rato llega Omar y yo estoy tirada en la camilla pasándola mal. Durante este tiempo me traté de concentrar en las visualizaciones que aprendimos con el hipnoparto: mi cérvix es como una rosa que se abre delicadamente para que mi bebé llegue a mí. Por más que trataba de concentrarme en eso, la realidad es que ya estaba agotada. El dolor de las contracciones y el sueño me estaban ganando. Cuando Omar llegó al cuarto fue como ver luz. Honestamente, hace toda la diferencia del mundo tener acompañamiento en el parto. Me seguí quejando de los monitores hasta que la enfermera logró conseguir un monitor inalámbrico que va pegado al vientre. La amé como a nadie en esos momentos. Ese cambio hizo toda la diferencia ya que ahora me podía mover y ya no sentía el dolor añadido por las correas. La mala noticia del momento fue que no tenían cuartos de parto disponibles en ese momento, por lo que me nos iban a dejar allí hasta nuevo aviso. La enfermera me informa que se regresa a la estación, que si necesito algo que la llame y que si siento que tengo ganas de pujar que le avise. Creo que en algún momento de esta conversación me ofrecieron pitusina para acelerar el proceso y la epidural para el manejo del dolor pero dije que no quería. Les cuento que Omar se graduó de doula. Otra vez bailamos lado a lado, me dio masajitos y me hablaba bonito. A este punto se me hacía muy difícil solo respirar en las contracciones y él me recordaba las afirmaciones que tanto trabajamos. Recuerdo que en algún momento verbalicé “no puedo” y él me recordó que sí podía, que lo estaba haciendo.


I am proud of myself, however birth goes. No sé cuánto tiempo llevamos en el cuarto de evaluación. Sólo sé que, de momento, comienzo a sentir ganas de pujar al final de cada contracción. Al principio pensé que era que tenía que ir al

baño pero rápidamente me di cuenta que era diferente. Pensé: “Aquí es que es. ¡Viene Mikael Andrés!”. Llamamos a la enfermera y llegaron dos; era cambio de turno. Me hacen chequeo pélvico y me dicen que a penas estoy en 8 cm, por lo que no puedo comenzar a pujar. Creo que en ese momento terminé de perder la concentración y calma que me quedaba. La buena noticia fue que se desocupó un cuarto de parto y van a poder trasladarnos. La enfermera nueva me ve teniendo dificultad con la noticia de que todavía no es hora y me ofrece epidural. Le digo que mi plan era tener un parto no medicado así que no la quiero. Ella me contesta que mis deseos van a ser respetados, pero que considere que el aceptar la medicación no me hace menos mujer ni menos valiente. Hablamos de las razones por las que no quería aceptar la anestesia y mis preocupaciones. Ella me ofreció información al respecto y, entre lo que me dijo que me hizo pensar mucho fue que aún podría estar un buen rato para llegar a los 10 cm. Creo que lo dialogué con Omar y decidimos que si de aquí a que nos cambiaran de cuarto no he llegado a los 10 cm, la voy a aceptar. Estaba desesperada. Llevaba en 2 cm desde la semana pasada y me tomó más de 12 horas llegar de 4 cm a 7 cm. Estaba clara que mi progreso no se medía únicamente por la rapidez de mi dilatación. Estaba clara de que mi bebé llegaría en su tiempo. Estaba clara de que no había prisa. Tampoco sentía que la enfermera estaba poniendo presión al ofrecer opciones para el manejo del dolor. Pero estaba tan cansada. Nos movemos al cuarto de parto y nos acomodamos. Me vuelven a hacer chequeo y seguía en 8 cm. Mis ganas de pujar seguían intensas al final de cada contracción. Pido la epidural. No niego que sentí un alivio inmenso. Aunque tuve un poco de controversia interna por “desviarme” de mi plan de parto, reconocí que la decisión que tomé fue lo mejor para mi proceso y para ayudarme a tener una mejor experiencia de parto.

You deserve to take up space. Luego de que me pusieron la epidural logramos dormir como 2 horas. A estas alturas llevamos 22+ horas de parto. La enfermera viene a verificar cómo sigo y a virarme para el lado derecho. Verán, cuando te ponen epidural te colocan un peanut ball entre las piernas para ayudar a mantener la pelvis abierta y te acuestan de lado. Es necesario mover el cuerpo de un lado al otro para fomentar que bebé siga bajando. Antes de virarme me pregunta si quiero que me verifique la dilatación y acepto. Me informa que ya estoy en 9 cm y durante el chequeo rompí fuente. Me recuesto del lado izquierdo y trato de volver a dormir pero, de repente, comencé a sentir las contracciones del lado izquierdo del cuerpo. Puse nuevamente los tracks de afirmaciones del hipnoparto y traté de respirarlas. Poco a poco comenzaron a intensificarse al punto en el que pasé de sentirlas solo del lado izquierdo a sentirlas en todo el vientre. Llamo a la enfermera y le informo. Me explica que ya el round de epidural que me habían dado al principio se acabó. Me pregunta si deseo que pongan más y, desesperada, le pido que sí. Por alguna razón, seguía sintiendo las contracciones de igual forma, por lo que me ofrecen llamar al anestesiólogo a ver si me dan una dosis más alta. Omar trató de interceder en esos momentos preguntándome si estaba segura de que quería más, que lo pensara bien. Estaba demasiado cansada y decidida así que eso hicimos y, nuevamente, no funcionó. De aquí en adelante, mis músculos de la cintura para abajo estaban totalmente dormidos pero mis contracciones se sentían claritas.

Even though I feel overwhelmed I can still do this. Llegan las 4:30am del sábado, 18 de abril de 2020. Llevamos 28 horas de parto y la enfermera me informa que estoy en 10 cm. Es hora de pujar. En estos momentos me siento como que no me lo creo. Han sido tantas horas de creerme que ya mi bebé estaba por llegar que sentía como que era mentira que ahora sí. Me piden que trepe las piernas para comenzar pero, con toda la anestesia que había pedido, mis piernas estaban inmóviles. Entre la enfermera y Omar tuvieron que ayudarme a moverlas para acomodarme. Me cambian el monitor inalámbrico por el de las correas, ya que la señal se perdía con mis movimientos. Comienza el mambo. Pujo, pujo y pujo. Descanso. Repito. Pasa la primera media hora de pujar y no hay mucho progreso. Mis músculos estaban tan dormidos que por más que estaba poniendo toda mi energía para ayudar a bebé a bajar, la señal como que no estaba llegando. Viene la partera a la habitación y entre ella y la enfermera me comienzan a orientar sobre la posibilidad de usar pitusina para ayudar a acelerar el proceso. Digo que no. Me cuestionan preguntando cuáles son las razones por las cuales me niego y les explicamos. Recuerdo que Omar estaba bastante incómodo con la insistencia. Según ellas, la pitusina ayudaría a acelerar las contracciones pero mis contracciones estaban super corridas así que ese no era el problema. Con todo y lo nublado que estaba todo en ese momento, estaba clara que la pitusina lo que iba a provocar era que se intensificaran las contracciones y podría poner a mi bebé en un stress innecesario. Ya estábamos al final del camino. Mi bebé y yo trabajábamos en equipo. Pasa una hora más de pujar y lentamente comenzaba a ver su cabecita asomándose. Me habían puesto un espejo de frente, así que pude ver cómo todo iba pasando. Veía su pelito y no paraba de asombrarme. Una hora y media. Comenzaba a cansarme, pero a la vez sentía cómo volvía a recuperar la movilidad y fuerza en mis músculos. De momento sentí como un rush de energía. Recuerdo que Omar me dijo: “¡Baby, le metiste al 4x4!” y yo le contesté que me sentía bien chava’. En ese momento escuché a la enfermera llamar a la partera y decirle: “Want to come have a baby with me?”. Fue surreal. De aquí en adelante Omar, la enfermera y la partera me seguían haciendo cheerleading cada vez que tocaba pujar. Venía mi bebé. De momento miré al espejo y vi su cabeza completamente fuera. No podía creerlo. Tantos videos que vi y, por fin, llegó nuestro momento. Miré a Omar y me dice: “¡está aquí, Mónica!”. Paré de mirar el espejo porque estaba concentrada en sentir mi cuerpa y seguir las contracciones. Hasta que, de pronto, la partera me dice que mirara abajo mientras me ponía el cuerpito de Mikael en mi vientre calientito y cubierto de vernix. Omar estaba que no cabía de la emoción. Lloraba de la felicidad. Yo estaba en un estado de shock. Euforia como nunca antes la había experimentado. Era un rush de energía grandísimo, pero a la vez lleno de calma. Bebé nació super alerta pero tranquilo. Lloró sólo un poco y se calmó rápido. Le dejaron el cordón umbilical un tiempo antes de que Omar lo cortara. De inmediato lo colocaron en mi pecho para hacer piel-con-piel. La partera me informa que era hora de expulsar la placenta y comencé a pujar nuevamente. Honestamente, el proceso de parir mi placenta fue más doloroso que cuando salió el bebé. Les recordamos que teníamos planes de llevarnos la placenta y nos informan que tendrían que recibir aprobación de sus superiores por los nuevos protocolos de COVID-19. Finalmente, nos aprobaron y pudimos llevárnosla para yo consumirla durante mi postparto. Una vez terminan de asegurarse que no hay hemorragia y me cogen puntos (tuve un desgarre de primer grado), salieron del cuarto y nos dejaron disfrutar del momento en privado. Omar y yo nos abrazamos. Estábamos impresionadxs. En la hora 30 nuestrx bebé había llegado. Era perfecto. Nuestra familia estaba completa.