La rutina del COVID-19 y de la mamá empleada "una más del montón".

Son las seis de la mañana y el café se prepara en la greca. Mientras que reafirmó será un buen día. La ropa está planchada desde la noche anterior y el bulto de la cría lleno de pañales y ropa, espera en el carro. Dejo unos huevos hirviendo mientras me preparo. Me visto de paciencia para irme a trabajar y dejo mi hogar con las ansias de regresar.

Las veinticuatro semanas de embarazo las cargo en las caderas y un par de ojeras. Me despido de mi cría repitiéndole que le amo mientras la cuida la bisabuela de unos sesenta y nueve años. Llego a la oficina y comienza el protocolo. Mascarilla puesta, me tomo la temperatura y desinfecto el área. «Cuidarme para cuidar de otres» me repito a mi misma mientras realizo el turno de 8:00am a 4:30pm. Entonces al salir, desinfecto mi ropa con “spray”, me perfumo de alcohol y regreso a la rutina de la clase media baja.

Llego a cocinar, limpiar y jugar. La cría me dice “mamá, más” mientras entiendo llama mi atención. Bailamos en la sala mientras preparo la cena. Hay días con energías, y otros que no. Sin descanso y agotada llegan las diez de la noche. Ya acabó el día y está todo "listo" para el mañana. La ropa planchada me espera en la cama. La alarma vuelve y suena a las 5:45am para ir despertando a la rutina.

La rutina del COVID-19 y de la mamá empleada. Todo cambia y a la misma vez nada. Nos exponemos a trabajar por un salario que nunca nos da. Me voy con miedo, no me quiero enfermar. Sin embargo, tengo a una familia que debo alimentar. Me protejo lo más que puedo pero tenemos un gobierno que no les importa la cantidad de muertos. No les importa las familias de la clase trabajadora. Mientras, suben los precios de las mascarillas, el alcohol y los desinfectantes. Añado a mis gastos el “kit de emergencia” que utilizo a diario y más de la cuenta. Siguen “abriendo” el país, nos seguimos exponiendo y el país pretende que continuemos “fluyendo”. La responsabilidad es “de la cuidadanía” mientras hacen la fila del desempleo, de los cupones y de la reforma para recibir una carta que te diga “no fuiste elegible para ser beneficiaria”. Entonces “volvemos a trabajar” con miedo y con angustias.

Son las seis de la mañana y el café se prepara en la greca... al gobierno no le interesa que mi cría tenga casi dos años, ni que yo tenga un embarazo de alto riesgo, pero ya saben, a lavarse las manos y que no me queje porque al menos tengo trabajo "soy una más del montón".