Lo efímero de respirar.

La vida y el último segundo que culmina lo que fue para comenzar lo que será.

Surge el pensamiento con el propósito de narrar lo vivido en la tarde del domingo 27 de enero de 2020:

Soy la mamá histérica, la que siempre está junto a su pequeña cría. Mi peque estaba con mi mamá disfrutando mientras yo preparaba la ropa de los días siguientes. El pantalón gris y la camisa blanca que me distanció un momento de la persona más importante de mi Universo. Mientras la bebé disfrutaba se acercaba el segundo en donde podía culminar su hermosa vida, tan corta y tan importante.

Culminé mis tareas para ver que todo estuviese bien y al salir observé que mi hija reía y jugaba en una piscina pequeñita. La luz del sol iluminaba sus ojos color café y sus pequeños rizos castaños y rojizos. Sus pequeñas manos cargaban el material menos esperado que daría comienzo a cerrar la tráquea de mi hija, dejándola sin respirar y por ende, dejándome a mí sin respirar.

Recuerdo haber visto la pequeña cara de mi bebé color violeta y sus ojos blancos. Su pequeño cuerpo no pesaba, se había desplomado en mis manos. Mientras mi mano le daba a su pequeña espalda y su cabecita la sujetaba poca abajo gritando: Se me está muriendo, ayuda, se muere. Mi vida se detuvo en ese momento… en ese pequeño momento. Mi hija se estaba muriendo y yo no tenía el control ni las fuerzas para soportar tal evento. Camino al hospital mi hija vomitó lo que obstruía paso a su respiración. Su carita pálida y su mirada confundida se detuvieron a mirar mis ojos que cargaban la tristeza y vulnerabilidad que invadían mis pensamientos.

Tome de mi seno y la alimenté, la protegí y la cuide mucho más de lo que en algún momento imaginé podía hacer. Pase largas horas en el hospital mirándola reír, bailar, gozar su vida. Ella no entendía lo que había sucedido y yo cargaba conmigo la angustia, el miedo y la culpa de que sucediera nuevamente o que en cualquier momento no tuviese el control de cuidarle.

Entonces así es la vida y los segundos que una la vive. Todo es efímero, por ende la vida misma y vivirla. Luego de haber tenido una pérdida, imaginar que volviera a suceder destruye mi fortaleza. Tan solo pensar que mi hija en cualquier momento puede sufrir, me hace querer crear un mundo pequeño solo para nosotras dos. Detener el tiempo para recompensarle los segundos en donde casi pierde su vida. Recompensar nuestra vida y crear un nuevo comienzo. Aquel donde tenemos una segunda oportunidad de ser, vivir, respirar y poder amar(nos) mucho más.