Mujeres y el poder de contar(nos).

"¿Sabe uno acaso dónde terminan los gestos? ¡Tal vez si levanto la mano, provoque en otros mundos la tiznadura de una estrella!''

Maria Luisa Bombal, La Amortajada.

Es el final de un ciclo, de una temporada y se puede llegar a sentir como una tómbola, pero de lo que se repite casi siempre es de lo que más conscientes nos debemos hacer, para poder mirarlo con atención, y comprender lo que viene a enseñarnos. En este año que ha pasado, Matertrasnmutar, ha transmutado en si mismo, de ser un espacio en el que escribía cada semana como un lugar para salvarme, para conectarme con otras y tejer puentes, se ha convertido en lo que fue el deseo desde un inicio, un espacio para contar(nos) nuestras historias y apoderarnos a través de la narrativa de nuestras experiencias.

Hoy comparto este espacio con varias mujeres, que escriben, que narran, que creen en el poder sanador y liberador que tiene contar(nos). Me siento honrada, amada, acompañada por ellas y puedo ver como el trabajo personal, ese que me ha llevado al interior, tiene unos resultados concretos en la realidad, y en las personas que me son tribu. Este espacio, es por y para ellas, las mujeres que escriben, las mujeres que leen, las mujeres que comparten, con las que nos hemos conectado desde la honestidad, desde nuestras verdades, y frente a las que hemos mudado la piel, y recogido los huesos para montar el esqueleto.

Creo que esto de escribir, es reescribir, y que contarnos es repetir, y que repetir es ensayar, y que ensayar es una oportunidad de interpretar y premeditar sobre la realidad, y que asi podemos hacerlo mejor, y sanar mejor, y conectar y acompañarnos mejor.

Lo he experimentado desde el momento que decidí abrir este blog y comenzar a escribir. Desde el primer día, recibi respuestas, otras mujeres comenzaron a escribirme, a reaccionar, a sentirse acompañadas por medio de las historias. No ha sido un proceso sencillo, contarme, narrarme aquí, me ha requerido vencerme, ganarme, reconocer mi vulnerabilidad, mirarme profundamente, entender que al final son los actos los que nos definen, y poner en practica consiente y constante el amor hacia mi y hacia las demás.

He aprendido a validar el dolor, a comprender que sanar es un trabajo que no acaba, que transmutar requiere desaprender, y que eso exige transparencia.

Creo y me reafirmo, que seguiré escribiendo porque sé del poder de contar(nos) y de encontrar en las historias de las demás la nuestra, y que aún cuando no la hallemos, sepamos acompañar desde ese no saber, confiando en las demás, en sus experiencias, en sus procesos que también son los nuestros, o no.

He comprobado como se tejen puentes, se establecer lazos y alianzas, y se hace más sencillo mirar y reconocer la herida para sanarla, cuando lo hacemos juntas, todas, conscientes de la otra, de su fragilidad, de su firmeza, de su magia, de su dolor que es también su poderío. He leído como unas se escriben sin saber, o tal vez saben y no se yo, que se hacen cartas de amor a las otras al contarse sus historias, se reconocen en su similitud, se saben sostenidas, vistas, reconocidas en las demás.

Somos y estamos porque nos tenemos, y desde ahí, en ese tener(nos) está la magia de contarnos, y poder de sanar(nos) en nosotras, desde dentro y emanando como vibraciones y energías cósmicas, hacia los mundos que somos todas, con toda la luz y la sombra.

Que sea nuestra vista afine a nuestra sombra, que sea nuestra mirada apuesta a nuestra luz, que todo lo que rememoramos sea en si mismo un ensayo de la vida, y que sepamos que nos acompañamos en poder desde nuestras historias.

¿Sabemos acaso donde terminan nuestras historias? tal vez las historias de unas son las historias de todas, he aquí el poder de las mujeres.